Violencia en la mujer por parte de su pareja
En el Informe titulado "Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia doméstica", se demuestra que el riesgo de que las mujeres sufran violencia es mayor en su casa que en la calle, y que, además, esta violencia doméstica tiene graves repercusiones sobre su salud.
El estudio (realizado con la colaboración de la London School of Hygiene and Tropical Medicine) está basado en entrevistas realizadas a más de 240.000 mujeres de áreas rurales y urbanas de 10 países: Bangladesh, Brasil, Etiopía, Japón, Nabidia, Perú, Samoa, Servia y Montenegro, Tailandia y la República Unida de Tanzania.
¿Cómo se ha medido en este estudio la violencia doméstica, tanto física como sexual?
Para la violencia física, a las mujeres entrevistada se le preguntó si su pareja actual o anterior la había: abofeteado, o arrojado algo contra ella para hacerle daño; empujado para hacerla caer, o arrastrado por el suelo; golpeado con el puño o con algo que pudiera herirle; pateado o azotado; apretado el cuello para dificultarle la respiración, o quemado, intencionadamente; amenazado con arma de fuego, cuchillo u otro tipo de arma.
La violencia sexual de la pareja fue definida por las siguientes tres conductas: a) Forzada físicamente a un acto sexual contra su voluntad; b) Aceptar el acto sexual por el miedo a que su pareja pudiera emplear violencia física; c) Ser forzada a realizar algún tipo de acto sexual que ella encontrara degradante o humillante.
El estudio de la OMS encuentra que entre ¼ parte o la mitad de todas las mujeres que han sido asaltadas físicamente por su pareja han sufrido lesiones físicas como consecuencia directa de este asalto. Aunque la mayoría de las lesiones eran leves (moretones, rasguños, cortes, pinchazos y mordiscos), en algunos entornos era común encontrar lesiones más graves (huesos rotos, daños en el oído y en los ojos) e incluso la muerte.
Las mujeres sometidas a violencia física doméstica tiene el doble de probabilidades de tener problemas de salud, física y mental, incluso si la violencia se produjo años antes; entre estos problemas se incluyen pensamientos e intentos de suicidio, estrés mental y síntomas físicos, tales como dolores y mareos.
La violencia inflingida a la mujer por su pareja parece tener los mismos efectos sobre su salud y su bienestar independientemente de donde ella viva, la prevalencia, de la violencia en su país y las circunstancias culturales y económicas.
La violencia doméstica afecta a la salud sexual y reproductiva de las mujeres y puede contribuir a un incremento del riesgo de transmisión de infecciones sexuales, entre ellas el SIDA. En este estudio, una gran parte de las mujeres que sufrieron abusos físicos y sexuales informaron que su pareja frecuentaba otras parejas sexuales y se negaba a utilizar con ella preservativos en sus relaciones sexuales no violentas.
Aunque el embarazo se considera, a menudo, como un periodo de calma para la mujer sometida a violencia física doméstica, en realidad entre el 4% y el 12% de las mujeres embarazadas comunicaron que habían sido tratadas con violencia física durante la gestación.
Desde el punto de vista de una política dirigida a la prevención de esta violencia doméstica, el gran problema es que una gran parte de esta violencia permanece oculta, porque la mujer no la denuncia. Al menos el 20% de las mujeres que fueron entrevistadas para este estudio, nunca habían denunciado antes esta situación de violencia doméstica.
Fuente: OMS
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