Uranio empobrecido y salud pública

 
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La tesis sostenida por la firmante del editorial, Melissa A. McDiarmid , profesora de Medicina de la Universidad de Maryland, EE.UU., es que a la vista de las evidencias que se poseen actualmente -procedentes de una serie de revisiones desde hace 50 años, aunque en otros escenarios, sobre los efectos del uranio sobre la salud- los recientes argumentos a favor de una relación causal entre uranio empobrecido y aparición de leucemia en las fuerzas destinadas en los Balcanes son muy débiles.

El uranio empobrecido (" depleted uranium") se deriva del uranio natural extraído de las minas. El uranio está compuesto por tres isótopos radioactivos, U238, U235 y U 234, que se desintegran en otros elementos radioactivos y finalmente en compuestos estables no-radioactivos de plomo. Los isótopos de uranio emiten durante su desintegración partículas a, las cuales poseen elevada energía aunque son poco penetrantes. Es decir, los tejidos situados en la cercanía del uranio corren el riesgo de sufrir una radiación interna.

El uranio natural no es excesivamente radioactivo, debido a la relativa larga vida media de sus isótopos (105-109 años) si se compara con el radón, con una vida media de 3.8 días. El uranio empobrecido solo posee el 60% de la radioactividad del uranio natural, ya que le han sido retirados los isótopos más radioactivos como son el U 234 y el U235. El uranio empobrecido es también un metal pesado como el plomo y el arsénico, con una toxicidad que depende de la vía de exposición, la solubilidad de sus partículas y el tiempo de contacto. Algunas de sus propiedades químicas, como son su elevada densidad y la coherencia de su estructura, le han convertido en un material atractivo para su utilización en proyectiles que se pretende que sean muy perforantes, como los antitanques.

Los proyectiles con uranio empobrecido fueron utilizados por vez primera en la Guerra del Golfo de 1991, aunque la autora del editorial sostiene que previamente a esta guerra se disponía de un extenso material sobre los efectos del uranio recogido en los últimos 50 años en mineros y trabajadores en fábricas en las que se maneja uranio. Concretamente, elUS Centers for Disease Control and Prevention/Agency for Toxic Substances and Disease Registry (1999), tras estudiar las relaciones entre exposición al uranio y riesgo de cáncer, concluye que " no se han encontrado diferencias significativas en cáncer de pulmón entre trabajadores expuestos al uranio y poblaciones de control".

Los estudios a largo plazo en animales con uranio natural y uranio enriquecido han dado " resultados negativos, en lo que se refiere a la relación uranio/cáncer en nueve y equívocos en tres ".

Otro estudio realizado por la US National Academy of Sciences Institutes of Medicine (2000), en lo que se refiere a la relación uranio/cáncer de pulmón concluye que " hay limitada/sugestiva evidencia de que no existe asociación entre uranio/cáncer de pulmón a los niveles de radiación de un ambiente donde se trabaja con uranio". En lo que se refiere a los tumores malignos linfáticos y óseos el comité concluye que la evidencia es insuficiente o inadecuada para determinar si existe o no una asociación entre estos tumores malignos y la exposición al uranio.

Otras evidencias manejadas en el editorial del BMJ provienen de un limitado estudio de control realizado en 60 veteranos de la Guerra del Golfo que fueron víctimas por error de "fuego amigo" con proyectiles con uranio empobrecido. Aunque 15 de estos soldados retienen en sus tejidos fragmentos de metal con uranio empobrecido y eliminan por la orina concentraciones elevadas de uranio, ninguno ha desarrollado leucemia, cáncer óseo o cáncer de pulmón.

No obstante, el editorial de la profesora norteamericana considera, al menos, comprensible que se haya planteado la cuestión de la presunta relación entre cáncer y uranio empobrecido. Piensa que la atribución de diversos tipos de cáncer a la radiación con el uranio empobrecido ha de ser diagnosticada por exclusión, por lo que los individuos que han sufrido la exposición deben ser sometidos a una extensa vigilancia continuada.

Las respuestas electrónicas publicadas en el mismo número del BMJ no se han hecho esperar: Gino Spinelli , profesor de la Universidad de Bari, critica la metodología estadística que ha permitido a la firmante del editorial llegar a sus conclusiones y califica al artículo de anticientífico y superficial; frente la afirmación de McDiarmid de que 50 años de experiencia acumulada sobre las relaciones entre uranio y cáncer no han mostrado correlación entre los dos, Spinelli contraargumenta que 60 años de estudios sobre los efectos de la radioactividad sobre la salud humana prueban que existe una correlación entre el uso de cualquier material radioactivo y el cáncer.

Por último, Cory Mermer , escritora dedicada al periodismo de investigación, tras resaltar que el hecho de que no se disponga de evidencia científica concluyente sobre los efectos adversos del uranio empobrecido no quiere decir que su seguridad haya sido probada, termina afirmando que sin tal prueba no es moralmente aceptable su utilización militar, y pregunta ¿si reforzar los metales con uranio empobrecido es aceptable, por qué no se utiliza en la construcción de baterías de cocina, de automóviles y de amalgamas dentales?

Fuente: British Medical Journal
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Miercoles, 19 de Noviembre del 2008

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