Tensión arterial y depresión
En un artículo publicado online en la revista Journal of Epidemiology and Community Health miembros del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, en Namsos, Noruega, se proponen investigar si una presión arterial baja se asocia con ansiedad y depresión en la población general.
En la investigación han participado 60.799 hombres y mujeres con edades comprendidas entre 20 y 89 años, que habían sido reclutados para un estudio sobre la ansiedad y la depresión, durante el cual habían cumplimentado el cuestionario de la Hospital Anxiety and Depression Scale (HADS).
Las presiones arteriales sistólicas y diastólicas de los participantes fueron clasificadas en grupos dentro de una escala de cien puntos o centiles (un centil es uno de los puntos que divide una escala de valores en 100 partes, cada una de las cuales contiene una centésima parte del total).
Los resultados fueron los siguientes: Comparados con los participantes con una presión sistólica considerada en principio como de referencia (grupo de participantes que se encontraban entre el 41-60 centiles en la escala de los valores de las presiones medidas en esta población), los participantes en el grupo de los que tenían presiones sistólicas más bajas (en el grupo con 5 centiles o menos, en la escala de las presiones) se asociaban con una más elevada probabilidad de sufrir ansiedad, depresión, o ambas. Por el contrario, la asociación entre una presión diastólica baja con la ansiedad y la depresión ha sido más débil.
La asociación entre una presión sistólica baja y ansiedad, depresión o ambas, es similar en ambos sexos y en los diferentes grupos de edades.
El ictus, el infarto de miocardio, el uso de medicación antihipertensiva, así como el índice de la masa corporal no tienen influencia sobre esta asociación.
La conclusión de los autores es que una baja presión arterial en adultos, independientemente de la edad y el sexo, se asocia con ansiedad y depresión, no causadas por enfermedad cardiovascular.
Esta asociación no puede relacionarse, según los autores, con el uso de medicación antihipertensiva, dado que los participantes que tomaban medicamentos contra la hipertensión tenían presiones más elevadas que el resto de participantes, por lo que el uso de tales fármacos no tiene efecto sobre la relación entre presión arterial y trastorno mental.
En consecuencia, el resultado de este estudio no es un argumento para no tratar adecuamente la hipertensión.
Fuente: Journal of Epidemiology and Community Health
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