La siesta reduce el riesgo de muerte por enfermedad coronaria
En un artículo publicado en la revista Archives of Internal Medicine del 12 de Febrero de 2007, investigadores del Departamento de Higiene y Epidemiología de la Universidad de Atenas, Grecia, y del Departamento de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Boston, Mass. EEUU., se proponen analizar la influencia de una siesta, más o menos frecuente, sobre la mortalidad por enfermedad coronaria.
La investigación ha sido realizada sobre una población griega de 23.681 individuos que al ser reclutados para el estudio no tenían historia de enfermedad coronaria, ictus o cáncer, y de los que se disponía de completa información acerca de la frecuencia y duración con que utilizaban una siesta que interrumpía su trabajo. Esta población fue seguida durante una media de 6,3 años.
Los resultados han sido los siguientes: Entre todos los hombres y mujeres de la población estudiada, (en la que se ha utilizado los que no practicaban la siesta como grupo de control), aquellos que se echaban una siesta, con cualquiera frecuencia a la semana y duración en minutos, la mortalidad por enfermedad coronaria fue un 34% más baja que en aquellos que no hacían siesta.
Por otra parte, en aquellos que se echaban una siesta de más de 30 minutos, tres o más veces por semana, la disminución del riesgo de muerte por enfermedad coronaria era un 37% más baja.
Aún más, entre los hombres que trabajaban y que se echaban una siesta que interrumpía su trabajo, la reducción del riesgo de muerte por enfermedad coronaria era de un 64% comparado con el 34% de los hombres que no trabajaban.
En la población estudiada no había suficientes muertes de mujeres por enfermedad coronaria para comparar la influencia de la siesta en los resultados.
La conclusión de los autores es que la práctica de la siesta en individuos aparentemente sanos se asocia de manera inversa con la mortalidad por enfermedad coronaria, y que esta asociación es particularmente evidente entre los hombres que trabajan.
Fuente: Archives of Internal Medicine
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