Salud y desarrollo sostenible


Como señala Gro Harlem Brundtlan, Directora General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el British Medical Journal del 24 de agosto de 2002, la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (WSSD) de Johannesburg, tiene, en su apretada y difícil agenda como problemas claves para los que debe buscar soluciones, no sólo el cambio climático, la elevación del nivel de los mares, la pérdida progresiva de la biodiversidad y el avance inexorable de los desiertos, sino también, y de modo prioritario, crear las condiciones apropiadas para que todos los habitantes del planeta dispongan de alimentos, vivienda y salud.

En términos generales, el desarrollo sostenible se preocupa de buscar un equilibrio entre los objetivos ambientales, sociales y económicos, con el fin de optimizar el bienestar de la sociedad, tanto ahora como en el futuro.

Dentro de este amplio concepto de desarrollo sostenible, la salud es un tema prioritario por varias razones:

En primer lugar, porque invertir en salud de la población es un elemento esencial en todo desarrollo sostenible, ya que es un medio poderoso, aunque hasta ahora infravalorado, para alcanzar ese nivel de desarrollo, hasta el punto de que la salud de una población es una medida del desarrollo sostenible en ese país. Mientras que hace apenas una década la salud era considerada por los gobiernos de los estados tan solo desde la perspectiva de la provisión de servicios sociales (como consumo más que como inversión), desde la Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo celebrada en Río de Janeiro en 1992, el mundo comienza a aceptar que la salud de la población es un medio potente para estimular el crecimiento económico, proteger el medio ambiente y reducir la pobreza.

En segundo lugar, porque ahora se puede defender la necesidad de fuertes inversiones en salud de los países ricos en los países pobres con argumentos económicos más precisos. Los informes de la Comisión sobre Macroeconómica y Salud (2001) de la Organización Mundial de la Salud aportan detalles sobre el impacto negativo de la mala salud de una población sobre la economía, y el coste de las causas más frecuentes de mortalidad e incapacidad, con inclusión del SIDA. Para alcanzar el mínimo necesario de 30-40 dólares per cápita se necesitarían importantes aportaciones económicas de los países ricos, pero, en contrapartida, los beneficios de estas inversiones son grandes.

En tercer lugar, porque se conocen mejor cuáles son las estrategias más apropiadas para controlar los riesgos para la salud en una población, de modo especial los que tienen su origen en el medio ambiente. Las enfermedades diarreicas y las enfermedades respiratorias se relacionan con las malas condiciones de vida, el agua escasa y contaminada y los alimentos inseguros. Otros riesgos incluyen los accidentes domésticos y de tráfico, y las intoxicaciones con plomo, pesticidas, entre otros.

Pero cuando se plantea pasar de los programas teóricos a la acción, no puede esperarse que únicamente con el aporte para el desarrollo económico se resuelva el problema de la pobreza. Se requiere, además, asistencia técnica para este desarrollo, cambios democráticos, así como juego limpio de los países desarrollados con los países en vías de desarrollo, cuando éstos tratan de acceder a los mercados globalizados.

Según escribe Yasmin von Schirnding, de la Organización Mundial de la Salud, en la revista The Lancet del 24 de agosto, el sueño de un acuerdo global entre Norte y Sur, apoyado en sólidos compromisos financieros, es muy probable que no sea completamente realizado en Johannesburg, ya que persisten todavía divergencias fundamentales en muchas áreas claves, como por ejemplo en el comercio mundial y en la financiación. Sin embargo, el proceso seguido para preparar esta Cumbre ha renovado la sensación de extrema urgencia que representan para el mundo los retos del desarrollo sostenible. Y en este desarrollo una prioridad es, sin duda, la implementación de los programas para el desarrollo de la salud en la mitad olvidada de este mundo globalizado.

Fuentes:
British Medical Journal
The Lancet
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Lunes, 8 de Septiembre del 2008

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