¿Sabemos qué es la salud ?
Cada vez es más evidente la preocupación por la salud en las sociedades de los países desarrollados, pues de ella depende la calidad de vida de los individuos, que han visto aumentar considerablemente las expectativas de prolongación de su existencia.
El concepto de salud ha tenido significados diversos en las diferentes épocas históricas y en las distintas culturas. La salud, lo mismo que la vida, no puede ser definida con precisión y, de hecho, ambas se encuentran íntimamente relacionadas.
La definición de la Organización Mundial de la Salud (1946), dejó establecido que "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no simplemente la ausencia de enfermedad" y lanzó también un desafío en la Declaración de Alma-Ata de 1978 al plantearse como reto la "salud para todos en el año 2000".
La definición de la OMS introdujo una visión holística de la naturaleza de la salud, aunque pecaba de poco realista al declararla como una situación estática, cuando en realidad es un proceso evolutivo y cambiante. Esto se ha modificado recientemente (1997) al admitir que la salud es un estado dinámico de cada persona y de la sociedad en la que vive.
La salud es, de hecho, una construcción personal que cada individuo va elaborando y valorando a lo largo de su vida, gracias a sus hábitos o a pesar de ellos, en un determinado ambiente cultural, histórico y social.
Cuando la salud falta, cuando sobreviene la enfermedad, la construcción subjetiva de la enfermedad, la sensación de estar enfermo, es también propia de cada persona y se expresa según su cultura, su situación social, su percepción del mundo, en definitiva, de su personalidad.
La preocupación por la salud depende mucho del nivel económico del grupo social, de la familia y de la nación. Puede afirmarse, por tanto, que el nivel cultural y la riqueza o pobreza de sus clases sociales son elementos fundamentales para explicar los comportamientos de los individuos frente a la salud y la enfermedad.
El concepto de bienestar introducido como palabra clave en la definición de la OMS implica, de modo maximalista, la integración de tres conceptos, salud, confort y felicidad, todo ello alcanzado y protegido de riesgos en el ámbito del denominado Estado del Bienestar.
Las ilusiones y expectativas que sobre la salud y sobre el sistema sanitario mantienen las personas que constituyen una sociedad, deben partir de dos principios fundamentales: la conciencia de la caducidad de la vida humana individual y la de su progresivo deterioro biológico.
Y desde estos dos principios, la conciencia de la vulnerabilidad personal ya que en cualquier momento una enfermedad o un accidente pueden acelerar la caducidad y el deterioro.
Esta vulnerabilidad personal exige una responsabilidad a todos los componentes de la sociedad, tratando de evitar aquellos estilos de vida que con toda evidencia son nocivos para el mantenimiento del estado de salud.
En este contexto, la perspectiva tradicional de la Medicina occidental, según la cual hay que alargar al máximo posible la supervivencia del paciente, sin más consideraciones, es actualmente inadecuada.
Un planteamiento más racional es el que se propone como objetivo que el cuidado de un individuo consiste no tan sólo en añadir años a la vida, sino vida a los años.
Dentro de la nueva concepción individual y social de la salud, ésta puede ser medida individual y colectivamente mediante una serie de indicadores. En este sentido, la expectativa o esperanza de vida es un parámetro estadístico útil aunque insuficiente para medir la salud de una persona o de una sociedad, aunque para obtener una visión más precisa de la salud individual o colectiva tenemos que desplazar nuestra atención de la cantidad a la calidad evaluando ésta como un parámetro confiable.
Fuente: "La formación de los profesionales de la salud". Informe. Fundación BBV. 1999.
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