TAC y riesgo de cáncer

En un artículo de revisión publicado en la revista The New England Journal of Medicine del 27 de Noviembre de 2007, miembros del Centro para la Investigación radiológica del Columbia University Medical Center, en Nueva York, ante la creciente utilización de la tomografía computorizada (TAC) como tecnología para el diagnóstico mediante imágenes, (62 millones de TAC son realizadas cada año en los Estados Unidos, entre las que se incluyen 4 millones de niños), llaman la atención sobre los riesgos derivados de absorción de radiación ionizante a dosis bajas, a largo plazo, en la inducción de carcinogénesis (desarrollo de un cáncer).

Una radiación ionizante (como la de los rayos X) posee la suficiente energía como para sobrepasar la que mantiene a los electrones en órbita alrededor de los átomos y moléculas; en consecuencia, esta radiación aleja a los electrones de sus órbitas, transformándolos en iones . Cuando la radiación ionizante actúa sobre material biológico se crean radicales libres de oxígeno por la interacción de los rayos X con las moléculas de agua: estos radicales libres interactúan, a su vez, con el ADN, lesionándolo. Las lesiones del ADN pueden dar lugar a mutaciones, translocaciones de los cromosomas y fusiones de genes, fenómenos todos que pueden conducir a la inducción de un cáncer.

Aproximadamente la mitad de las TAC diagnósticas en los adultos se realizan en los EEUU en el cuerpo, y un tercio en la cabeza. Sin embargo, el mayor aumento en el uso de la TAC se producido en el diagnóstico pediátrico y en el chequeo de los adultos, con una esperada tendencia creciente para los próximos años.

Los estudios epidemiológicos han aportado evidencias directas a favor de que las dosis recibidas por los órganos explorados mediante una serie de TAC (dos o tres exposiciones y las correspondientes placas) incrementan el riesgo de desarrollar un cáncer . La evidencia es razonablemente convincente para los adultos y muy convincente para los niños.

Las conclusiones de esta revisión son las siguientes: el amplio uso de la TAC representa probablemente el más importante avance en la radiología diagnóstica. Sin embargo, comparada con la radiografía simple , la TAC utiliza dosis más elevadas de radiación, lo que implica un incremento de la exposición de la población a la radiación ionizante.

El incremento del uso de la TAC y de la consiguiente radiación sobre la población ha ocurrido al mismo tiempo que han aumentado nuestros conocimientos sobre los efectos carcinogénicos potenciales de las dosis bajas de radiación, de modo particular en los niños.

Estas consideraciones sugieren que los riesgos asociados con la TAC no son hipotéticos sino que están basados en medidas directas del exceso de cánceres relacionados con la radiación entre aquellos adultos y niños que, en el pasado, fueron expuestos a radiaciones (supervivientes de bombas atómicas o del accidente nuclear de Chernobil) de la misma baja intensidad que las dosis utilizadas en las exploraciones con TAC.

A la luz de estas consideraciones, y a pesar del hecho de que la mayoría de las exploraciones con TAC se asocian con un cociente muy favorable de la relación beneficio/riesgo, algunas indicaciones y algunos excesos en su uso (sobre todo en práctica médica que se califica como “medicina defensiva”) deben ser analizadas críticamente. Por ejemplo, el uso de la TAC como primera opción diagnóstica en la apendicitis aguda de los niños, el lugar de la ecografía.

Los autores sugieren tres vías para reducir la radiación global que recibe la población a partir de la TAC :
1- La primera es reducir la dosis de radiación ionizante relacionada con la TAC en cada paciente.
2- La segunda es sustituir el uso de la TAC, cuando los resultados sean similares, por otras alternativas como la ecografía y la resonancia nuclear magnética . Un ejemplo es utilizar la ecografía, en lugar de la TAC, en el diagnóstico de la apendicitis aguda en los niños.
3- La tercera, y las más efectiva, es reducir el número de exploraciones prescritas mediante la TAC . Cuando una TAC está justificada por necesidades médicas el riesgo asociado es relativamente pequeño en relación con la información diagnóstica obtenida.

Sin embargo, si es cierto, como parece, que alrededor de un tercio de todas las exploraciones mediante TAC no están justificadas por necesidades médicas, es probable que 20 millones de adultos y más de 1 millón de niños hayan sido irradiados innecesariamente.

Fuente : The New England Journal of Medicine

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