¿Qué es la psoriasis?
La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel, de etiología desconocida, caracterizada por la presencia de placas resecas, enrojecidas, recubiertas de escamas de color plateado (placas eritemoescamosas), localizadas con preferencia en la piel que recubre los codos, las rodillas, el cuero cabelludo, la cara y la región lumbar, aunque cualquiera otra área de la superficie cutánea puede ser afectada.
Además de la piel, la psoriasis puede afectar (en el 15% de individuos con las lesiones cutáneas) a las articulaciones, a las que inflama y torna rígidas (artritis psoriásica), a las uñas, a los genitales externos y al interior de la cavidad oral. La cuantía del área corporal afectada por las lesiones varía mucho de un individuo a otro.
La psoriasis es una enfermedad cutánea no contagiosa, con tendencia a aparecer en determinadas familias, que suele manifestarse por primera vez en la adolescencia (aunque puede hacerlo a cualquier edad), por lo que se considera como un trastorno hereditario, de origen genético, que afecta al sistema inmunitario del organismo ("enfermedad autoinmune"). Las infecciones, las lesiones de la piel, el estrés, el alcohol y algunos medicamentos pueden empeorar el curso de la enfermedad.
A veces el diagnóstico de la psoriasis puede plantear dificultades ya que muchas enfermedades sistémicas presentan signos y síntomas que afectan a la piel. La biopsia cutánea confirma o descarta la sospecha diagnóstica.
La evolución clínica de la psoriasis suele ser cíclica con episodios de mejoría intercalados entre episodios de empeoramiento, que no llega a curar de manera definitiva. La psoriasis varía ampliamente, de un individuo a otro, en cuanto tipo, gravedad y respuesta al tratamiento.
Las opciones en el tratamiento de la psoriasis son las siguientes:
- Tratamiento tópico, en el que la medicación se aplica localmente sobre la superficie cutánea afectada: en este grupo se incluyen los ungüentos que contienen un derivado de la vitamina D (calcipotriene), que controla la sobreproducción de células cutáneas, y las cremas de corticoesteroides, entre otras.
- Fototerapia o tratamiento con la luz (solar o ultravioleta). La fotoquimioterapia (PUVA) que es una combinación de un fármaco sensitivo a la luz, el psoralen, con la luz ultravioleta A, puede ser efectiva para los casos moderamente intensos. No obstante, después de un tratamiento a largo plazo (alrededor de 15 años) aumenta el riesgo de que el individuo así tratado desarrolle un cáncer cutáneo e incluso un melanoma.
La exposición moderada a la luz solar, evitando las quemaduras, puede ser un tratamiento efectivo.
- Fármacos de acción general o sistémica, administrados por vía oral o parenteral, como el metotrexato y la ciclosporina (fármacos antineoplásicos), que inhiben la respuesta inmunitaria del paciente psoriásico, y los retinoides (fármacos relacionados con la vitamina A) que reducen la excesiva proliferación de las células de la piel. Estos medicamentos, aunque efectivos en el tratamiento de los casos graves, pueden causar efectos colaterales, no deseables.
En el año 2003, la Food & Drug Administration ha aprobado dos nuevos fármacos que suprimen la respuesta inmunitaria (fármacos inmunosupresores) el alefacept (Amevive) y el efalizumab (Raptiva), como opciones para los casos moderados o graves y para aquéllos que no responden a otros tratamientos.
Fuentes: Clínica Mayo JAMA American Academy of Dermatology
|