Prevención de la enfermedad cardiovascular en la mujer


En un artículo publicado en el Journal of American Medical Association del 22 de Marzo de 2006, investigadores de la Universidad de Harvard, Boston, Mass, se proponen examinar la relación entre la actividad física y el índice de la masa corporal solo y en combinación con aquellos datos bioquímicos que "marcan" el estado del sistema cardiovascular (biomarcadores cardiovasculares).

Los autores han realizado un análisis de 27.158 mujeres estadounidenses aparentemente sanas (edad media 54,7 años) al tiempo de ser incluidas en el estudio entre los años 1992-1995, (una población incluida en el Women´s Health Study o "Estudio de la Salud de Mujeres", un estudio aleatorizado, a doble ciego y controlado con placebo, en principio utilizado para a un ensayo clínico sobre las dosis bajas de aspirina y vitamina E en la prevención de la enfermedad cardiovascular y el cáncer).

Se evaluó la asociación entre la actividad física y el índice de la masa corporal con los siguientes biomarcadores de enfermedad cardiovascular, unos cuyos niveles aportan datos sobre la respuesta inflamatoria del individuo (biomarcadores inflamatorios) y otros sobre los lípidos relacionados con el desarrollo de una ateroesclerosis (biomarcadores lipídicos): proteína C reactiva, fibrinógeno, molécula soluble de adhesión intracelular 1 [ICAM-1], homocisteína, colesterol LDL y HDL, colesterol total, apolipoproteina A-1 y B100, lipoproteína (a), y creatinina.

Los resultados fueron los siguientes: La prevalencia de sobrepeso y obesidad fue del 30,7% y 17,6% respectivamente mientras que el IMC medio fue 25,9. El gasto medio en calorías de la actividad física semanal fue 601 kilocalorías/semana. Los niveles medios de los biomarcadores cardiovasculares fueron los esperados para una población de mujeres de edad media, sanas.

La actividad física y el índice de la masa corporal se correlacionaban inversamente (a mayor actividad física menor IMC y viceversa), aunque débilmente.

El índice de la masa corporal (IMC) se correlacionaba positivamente con los biomarcadores inflamatorios (proteína C reactiva) y con los biomarcadors lipídicos (colesterol LDL, el colesterol total y la apolipoproteína B100), lo que quiere decir que a mayor IMC más elevados son los niveles de los biomarcadores lípídicos (entre ellos el colesterol LDL o "malo"). El IMC se correlacionaba de manera inversa con el colesterol HDL y la apolipoproteína A1, por lo que a mayor IMC son más bajos los valores del colesterol "bueno" y de la apolipoproteína A1, y viceversa.

La actividad física se correlacionaba con los biomarcadores en una dirección opuesta a la relación con el IMC, aunque con correlaciones más pequeñas.

Los niveles más bajos de actividad física y los más elevados del índice de la masa corporal se asociaban independientemente con niveles adversos de todos los biomarcadores, lipídicos e inflamatorios.

Por otro lado, los niveles más elevados del índice de la masa corporal mostraron una asociación más fuerte con estos biomarcadores que con la inactividad física.

Los autores concluyen que, en una amplia población de mujeres sanas, tanto los niveles más bajos de actividad física como los niveles más elevados del IMC se asociaban fuerte e independientemente con niveles adversos de biomarcadores del riesgo de enfermedad cardiovascular (tanto los lipídicos como los inflamatorios).

Mientras que la magnitud de la asociación en una amplia población de mujeres sanas entre el índice de la masa corporal y los biomarcadores de enfermedad cardiovascular es la más elevada, un nivel modesto de actividad física (al menos 2,5 horas de actividad física modesta a la semana) se asocia de manera significativa con valores más favorables de los biomarcadores de la enfermedad cardiovascular, incluso en mujeres con sobrepeso u obesas.

No obstante, los niveles más saludables de biomarcadores lipídicos e inflamatorios para la enfermedad cardiovascular se demostraron en mujeres que realizaban al menos una actividad física moderada y su peso corporal era normal.

En conclusión, según el equipo investigador, ante la creciente epidemia de sobrepeso y obesidad en el siglo XXI, una estrategia óptima de prevención de las enfermedades relacionadas con la inflamación y con los lípidos, como sucede con las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, debe subrayar la importancia de un estilo de vida saludable que incluya una actividad física regular y una dieta saludable, ambas importantes para alcanzar y mantener un índice de la masa corporal óptimo.

Fuente: Journal of American Medical Association

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Viernes, 25 de Julio del 2008

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