En un artículo publicado en la revista Pediatrics del 14 de Mayo de 2008, miembros del Centro de Epidemiología Pediátrica y Bioestadística del Instituto de Salud infantil, en el University College (Londres, Reino Unido), se proponen examinar cómo los diferentes estímulos emocionales estresantes o las adversidades por falta de cuidados en la niñez se relacionan con la adiposidad y el control de la glucosa en sangre en la vida adulta.
El método seguido ha sido un análisis prospectivo de 9.310 participantes, originariamente reclutados para el Perinatal Mortality Study (Estudio de Mortalidad Perinatal), todos ellos nacidos en una semana en el mes de Marzo de 1958 en Inglaterra, y seguidos y entrevistados durante su niñez (edades de 7, 11 y 16 años) y durante su vida adulta (edades de 23, 33, 42 y 45 años).
Las medidas principales realizadas en esta población fueron: evaluaciones periódicas del Índice de Masa Corporal y de la circunferencia de la cintura y de la concentración de la hemoglobina glicosilada.
También se evaluaron los siguientes indicadores: obesidad total (IMC igual o superior a 30), obesidad central (circunferencia de la cintura igual o superior a 102 cm en los hombres y a 88 cm en las mujeres) y niveles de hemoglobina glicosilada de 6 o más.
Los resultados fueron los siguientes: el riesgo de obesidad aumenta de un 20% a un 50% como consecuencia de diversas experiencias adversas durante la niñez: abuso físico, abuso verbal, ser testigo de abuso, humillación, abandono, castigo físico, conflicto o tensión, pocas aspiraciones de sus padres o interés en su educación, escasas salidas con sus padres y un padre que casi nunca ha leído algún texto a su hijo.
Las experiencias adversas durante la niñez que se asocian con más fuerza con la adiposidad (como, por ejemplo, el abuso físico) tienden a asociarse también con niveles de hemoglobina glicosilada iguales o superiores a 6.
Las conclusiones son las siguientes: algunas experiencias adversas durante la niñez incrementan el riesgo de desarrollar obesidad en la vida adulta, así como el riesgo de diabetes tipo 2.
Son necesarias más investigaciones para comprender las interrelaciones de las adversidades sufridas en la niñez, el contexto social en el que se producen y las trayectorias que conducen desde la adversidad infantil a la enfermedad en la vida adulta.