En un artículo publicado en el Annals of Internal Medicine del 1 de Julio de 2008, miembros de la University of Washington y del Fred Hutchinson Cancer Research Centre (Seattle, Washington), se proponen definir, en mujeres que practican sexo con mujeres, cuáles son los factores de riesgo para la persistencia de una vaginosis bacteriana, entre los que se incluye la detección, previa al tratamiento, de bacterias específicas en la flora vaginal.
La vaginosis bacteriana, que es la infección más frecuente de la vagina en mujeres en edad reproductiva y que afecta entre el 8% y el 29%, se caracteriza por un desequilibrio en la flora bacteriana de la vagina, debido a un sobrecrecimiento de las bacterias anaerobias y una disminución de la flora normal vaginal en la que predominan los lactobacilos.
Han participado en el estudio 335 mujeres, con edades comprendidas entre los 16 y los 29 años, que habían practicado sexo con al menos 1 mujer en el último año.
La vaginosis bacteriana fue tratada con metronizadol intravaginal en forma de gel, a la dosis de 37.5 miligramos, en aplicación nocturna, durante 5 noches.
En el flujo vaginal obtenido en la línea de partida del estudio se realizaron análisis, mediante la reacción en cadena de la polimerasa, con el objetivo de detectar 17 especies bacterianas.
Un mes después del tratamiento se valoró la curación de la vaginosis por criterios clínicos, un estudio microbiológico mediante la tinción por el método de Gram y la reacción en cadena de la polimerasa.
Los resultados fueron los siguentes: en 335 mujeres, de las cuales un 24% también comunicó haber practicado sexo con hombres dentro de los 3 meses previos a su reclutamiento para el estudio, 131 (39%) padecían una vaginosis bacteriana. En las 120 mujeres que volvieron a la consulta para el seguimiento, la incidencia de vaginosis bacteria persistente fue del 26%. Esta persistencia fue significativamente más elevada en las mujeres en las que en el análisis microbiológico realizado en la línea de partida del estudio se detectaron las siguientes especies bacterianas: 3 tipos de Clostridias, el Peptoniphilus lacrimalis y el Megasphaera filotipo 2.
La detección de estas bacterias en la visita de control se asociaba con la persistencia de la vaginosis, cosa que no sucedía con la actividad sexual post- tratamiento.
Los autores reconocen que sus hallazgos no pueden generalizarse a las mujeres que sólo practican sexo con hombres, ni con las mujeres cuya vaginosis ha sido tratada con antibióticos por vía oral.
La conclusión es que la persistencia de la vaginosis bacteriana se asocia con las presencia en el flujo vaginal de varias especies bacterianas de la Clostridias, de la Megasphaera filotipo 2 y del Peptoniphilus lacrimalis, lo que sugiere que un estudio microbiológico vaginal al establecer el diagnóstico puede determinar el riesgo de fracaso del tratamiento antibiótico.