Monográfrico: SIDA
El SIDA (Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida) (AIDS son las siglas en inglés) es una enfermedad crónica, con riesgo vital, causada por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). El virus, al dañar o destruir las células del sistema defensivo inmunitario, bloquea la capacidad defensiva del organismo frente a virus, bacterias y hongos que causan enfermedades. Esta situación de indefensión inmunitaria hace que el organismo sea más susceptible frente a las infecciones oportunistas que en circunstancias normales el cuerpo humano resiste y frente a ciertas variedades de cánceres.
El virus y la infección se conocen como VIH, mientras que el término síndrome de inmunodeficiencia adquirida se aplica a las fases avanzadas de la infección por el VIH. Es decir, las expresiones infección por el VIH y SIDA se refieren a diferentes fases de la misma enfermedad.
El VIH invade preferentemente el organismo humano a través del contacto sexual (vaginal, anal, oral) con una persona infectada: el virus está presente en el semen y en la secreción vaginal. También puede producirse la invasión mediante transfusión de sangre infectada o de sus productos, o bien compartiendo agujas o jeringas contaminadas con el VIH, o bien en un pinchazo accidental con aguja contaminada. Las mujeres infectadas por el VIH y no tratadas pueden pasar la infección a sus hijos durante el embarazo, el parto y la lactancia.
La primera infección con el VIH puede no ocasionar síntomas, aunque lo más frecuente es presentar síntomas similares a los de una gripe al cabo de dos a seis semanas de la infección (fiebre, dolor de cabeza, faringitis, ganglios aumentados de volumen y erupciones cutáneas).
Durante la última fase de la infección por el VIH (que ocurre habitualmente a los 10 o más años después de la infección inicial) se presentan signos y síntomas más graves, y la infección se denomina oficialmente SIDA (AIDS en inglés).
El individuo infectado por el VIH es más propicio a desarrollar ciertos cánceres, especialmente el sarcoma de Kaposi, el cáncer del cuello uterino y el linfoma.
El tratamiento debe orientarse hacia la consecución de la máxima supresión de los síntomas durante el mayor tiempo posible. Esta terapéutica agresiva se denomina terapia antiretrovital muy activa (HAART siglas por "highly active antiretroviral therapy"). El objetivo es reducir al máximo la cantidad de virus en sangre. Esto se consigue habitualmente por la combinación de tres o más fármacos. El tratamiento también se dirige a conseguir la mejor calidad de vida posible.
No existe vacuna para prevenir la infección por el VIH ni cura para el SIDA. Pero es posible protegerse contra la infección mediante educación apropiada y conductas que eviten que los fluidos contaminados con el VIH (sangre, semen, secreciones vaginales y leche materna) penetren en el cuerpo.
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Fuente: Mayo Clinic
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