Monográfico: úlceras
Una úlcera es una solución de continuidad, con pérdida de sustancia, en cualquier superficie epitelial del organismo (epitelio de la piel, epitelio de la córnea, epitelio mucoso que recubre interiormente el tubo digestivo, etc.) que muestra escasa o nula tendencia a cicatrizarse espontáneamente.
Una úlcera péptica es una ulceración de la membrana mucosa que recubre interiormente el estómago y el duodeno, y, en ciertos casos, de la porción terminal del esófago.
La úlcera se distingue de la erosión (que solamente afecta a la mucosa) en que traspasa la capa muscular situada bajo la mucosa y profundiza, durante su evolución, en todo el grosor de la pared gástrica o duodenal; en ocasiones llega a provocar la perforación de dicha pared.
Dependiendo de su localización anatómica, se distinguen las siguientes úlceras pépticas: - Úlcera duodenal - Úlcera gástrica - Úlcera esofágica.
El dolor es el síntoma principal de una úlcera péptica duodenal o gástrica; es provocado por la presencia de la ulceración y agravado por el contacto del ácido gástrico con el fondo o lecho del área ulcerada.
La mayoría de las úlceras gástricas y duodenales tienen como causa principal la presencia en el estómago de una bacteria espiroidea, semejante a un sacacorchos, denominada Helicobacter pylori. El papel del estrés y el estilo de vida (en el que se incluyen el alcohol, el tabaco, y los alimentos lesivos para la mucosa gastroduodenal) es complementario.
Los objetivos del tratamiento de la úlcera péptica gástrica o duodenal son: a) eliminar el Helicobacter pylori si se ha demostrado su presencia en el estómago; b) aliviar los síntomas, en especial el dolor; c) conseguir la cicatrización de la úlcera; d) prevenir la reaparición de los síntomas y la aparición de complicaciones.
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