En un artículo publicado en el British Journal of Nutrition del mes de Mayo, miembros de la Universidad del Ulster (Reino Unido) y del University College (Dublín, República de Irlanda), se proponen comprobar la hipótesis de que el incremento en el contenido de anhídrido carbónico (CO2) en las bebidas edulcoradas (durante el proceso de convertirlas en bebidas gaseosas o carbonatadas) aumenta la saciedad, disminuye la cuantía del consumo de alimentos a corto plazo, y contribuye a prevenir el sobrepeso y la obesidad.
Han participado en el estudio 30 individuos no obesos (15 mujeres y 15 hombres) durante tres ocasiones, con intervalos de 1 semana.
Después de un desayuno estándar, los participantes consumieron una bebida, 10 minutos antes de un almuerzo sin restricciones (ad libitum). La bebida consumida antes del almuerzo era la misma cantidad de bebida edulcorada (400 cc.) con tres niveles de contenido en CO2: nivel bajo (1,7 volúmenes), nivel medio (2,5 volúmenes) y nivel elevado (3,7 volúmenes).
La saciedad fue evaluada mediante una escala analógica visual y la cuantía de la ingesta fue medida en el almuerzo y en el resto del día.
Los resultados fueron los siguientes: comparadas con las bebidas poco carbonatadas, el consumo previo al almuerzo de las bebidas con niveles medio y elevado de CO2 (bastante o muy carbonatadas) provocan una saciedad más intensa, con una ingesta de alimentos durante el almuerzo significativamente más baja. No se demostraron efectos significativos sobre la saciedad después del almuerzo o en las comidas del resto del día.
La conclusión de los autores es la siguiente: este estudio a corto plazo sugiere que el nivel de contenido en CO2 de las bebidas edulcoradas debe ser tenido en cuenta a la hora de valorar los efectos potenciales de estas bebidas sobre la saciedad y la cuantía de la ingesta de alimentos.