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Las esporas del carbunco, un diseño óptimo para llegar a los alvéolos pulmonares
Resultado:
La inhalación de las esporas del bacillus anthracis, partículas biológicas causantes del carbunco pulmonar, ha renovado el interés por el comportamiento físico de todas las minúsculas partículas que se encuentran en el ambiente, cuando consiguen penetrar en las vías aéreas -superiores e inferiores- e incluso alcanzan los alvéolos pulmonares.
Las vías aéreas, y los alvéolos en las que aquellas terminan, a modo de mínimos sacos a través de cuyas paredes se produce el intercambio gaseoso- oxígeno intercambiado por anhídrido carbónico que se espira-, están expuestas a la inhalación de las abundantes micropartículas que contaminan el aire que respiramos.
Entre estas partículas que pueden ser inhaladas, el bioterrorismo ha introducido a las esporas del bacillus anthracis como un arma que puede ser letal.
Una vez inhaladas las partículas suspendidas en el aire ambiente polucionado -sean inorgánicas (como el carbón o el asbestos) u orgánicas (como las esporas del bacilo del carbunco)- su comportamiento depende en primer lugar de su tamaño y de factores físicos derivados de ese tamaño de la partícula y de relación con la estructura anatómica de los sucesivos tramos del árbol respiratorio (tráquea, árbol bronquial con sus bronquios y bronquiolos, y los alvéolos).
Es tan sólo desde el momento en el que la partícula "toma tierra" en algún lugar del sistema respiratorio cuando los efectos de su constitución -sea inerte, químicamente tóxica o biológicamente infecciosa- se hacen patentes.
La suerte que correrá una partícula en el árbol respiratorio será diferente si ésta circula por la corriente central del aire que recorre las vias aéreas, hasta llegar al alvéolo, o bien si choca contra la paredes bronquiales antes de llegar al saco alveolar.
La percusión de la partícula contra las paredes bronquiales implica su atrapamiento en una capa de moco y en un sistema de cilios que, a modo de un ascensor, la sube progresivamente a contracorriente, hasta terminar en la cavidad oral, donde es deglutida y digerida.
El tamaño de las partículas inhaladas varía entre 0.05 micras (una micra es una millonésima de metro) hasta 10 o 20 micras: 0.1 micra es el tamaño de las partículas del polvo de carbón, de 1 y 3 micras el de las esporas del bacillus anthracis, y de unas 20 micras el correspondiente a las partículas de polen.
Las partículas de alrededor de 20 micras de tamaño suelen quedar atrapadas a nivel de los pelos de las fosas nasales nasal, mientras que las partículas cuyo tamaño oscila entre 5 y 15 micras -que suele ser el tamaño de la inhalación provocada por el escape de los automóviles- suelen pasar el filtro de la nariz y siguen su camino por las vías aéreas.
Las partículas que miden entre 1-2 micras, como es el caso de las esporas del bacillus anthracis, tienen el tamaño óptimo para alcanzar los alvéolos pulmonares y depositarse en sus paredes, donde quedan incluídas en el interior de unas células llamadas macrófagos.
Si el macrófago no consigue destruir las esporas, éstas germinan e inician su función tóxica destructiva en los propios alvéolos, dando lugar al gravísimo carbunco pulmonar por inhalación.
Las partículas extremadamente finas, con menos de una micra, son también detenidas durante su travesía por el árbol bronquial. Esto es debido a que cuando las molèculas del aire inhalado chocan contra ellas, como son tan minúsculas inician una especie de "danza" descontrolada que termina impactándolas contra las paredes bronquiales.
En definitiva, son las partículas entre 1 y 5 micras (entre las que se encuentran las esporas del bacillus anthracis) las que poseen las mejores condiciones físicas, como partículas, para alcanzar los sacos alveolares.
Fuente: New York Times
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