Inteligencia y desarrollo de la corteza cerebral en los niños
En un artículo publicado online en marzo de 2006 en la revista Nature, investigadores del Nacional Institute of Mental Health, en Bethesda, EEUU, se plantean determinar la correlación (mediante la evaluación de imágenes cerebrales, obtenidas con resonancia nuclear magnética) entre el rápido desarrollo de la corteza cerebral durante la niñez y la adolescencia, especialmente en lo que se refiere al grosor cortical, con los niveles de inteligencia (cociente intelectual o IQ).
Para el estudio fueron reclutados 307 niños y adolescentes sin historia familiar ni personal de trastornos neurológicos o psiquiátricos. A todos se les realizó el test de inteligencia de Weschler, apropiado a su edad.
Los participantes fueron divididos en tres grupos de acuerdo con los resultados del IQ. Los grupos fueron los siguientes:
- inteligencia superior (IQ entre 121-149);
- inteligencia elevada (IQ entre 109-120) e
- inteligencia media (IQ entre 83-108).
Todos los participantes fueron escaneados al menos una vez; 178 participantes (58%) lo fueron al menos dos veces; 92 (30%) tres veces o más; el intervalo medio entre dos exploración con escáner fue de aproximadamente 2 años.
Los autores demuestran que lo que se relaciona con el nivel de inteligencia no es simplemente el grosor de la corteza cerebral, sino la trayectoria de las variaciones que se producen, desde la niñez a la adolescencia, en este grosor cortical.
Los niños más inteligentes muestran una corteza cerebral dotada de gran plasticidad, con una inicial aceleración y una fase prolongada del aumento de su grosor, seguida más tarde, al comienzo de la adolescencia, de un proceso igualmente potente de adelgazamiento de la corteza cerebral.
La causa de estos cambios es desconocida, puesto que no ha podido ser estudiada a nivel neuronal, aunque básicamente se interpretan como que en la fase de engrosamiento de la corteza coincidente con la infancia, se crean numerosísimas conexiones ("rewiring" traducible como "cableado"), mientras que al llegar a la adolescencia el adelgazamiento de la corteza señalaría la puesta en marcha de un proceso de "poda" ("pruning") de las conexiones redundantes.
Estas diferencias en la dinámica del desarrollo de la corteza cerebral se hacen especialmente patentes en la corteza anterior del lóbulo frontal (prefrontal), en la que asientan importantes correlaciones estructurales y funcionales con la inteligencia.
La conclusión de los autores es que el nivel de la inteligencia se relaciona con características específicas en el proceso dinámico que conduce a la maduración de la corteza cerebral.
Fuente: Nature
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