Inflamación y obesidad


Dos recientes artículos sobre las intrigantes relaciones entre la obesidad y la inflamación -o, dicho de modo más centrado en los protagonistas, entre las células del tejido adiposo (los adipocitos) y las células del sistema defensivo inmunitario (los macrófagos)-, publicados en la revista Journal of Clinical Investigation (diciembre 2003), son comentados en la revista Nature Medicine (febrero 2004).

La epidemia de obesidad que se extiende por el mundo tiene sus raíces en la confrontación biológica entre los genes que permitieron a nuestros ancestros sobrevivir durante largos periodos de hambruna y el exceso de calorías y el sedentarismo del estilo de vida occidental.

La obesidad es el mayor factor de riesgo para la diabetes tipo 2 y para la arterioesclerosis, enfermedades que se asocian con la resistencia a la insulina, la hipertensión arterial y anormalidades en los lípidos.

La obesidad es el resultado del incremento en el número y en el tamaño de los adipocitos. En las últimas décadas, la consideración del tejido adiposo como un simple depósito de combustible se ha ido transformando en la de un complejo órgano endocrino.

Este concepto ha ido evolucionando hasta incluir un papel de este tejido adiposo en las vías por las que se expresa la inflamación, en especial porque hoy sabemos que los adipocitos secretan unas sustancias llamadas citoquinas (tales como el TNF- alfa o factor de la necrosis tumoral, y la interleukina-6) de las que hasta ahora se pensaba que sólo eran producidas por los macrófagos.

Los macrófagos y los adipocitos han sido considerados hasta ahora como células totalmente independientes. Aunque ambas derivan del mesodermo, sus linajes celulares se separan relativamente pronto en el desarrollo embrionario: los macrófagos siguen la vía de las células hematopoyéticas -productoras de la sangre -, mientras que los adipocitos siguen la vía de las células mesenquimatosas.

Los macrófagos "fagocitan" (son "grandes comilones", esto quiere decir la palabra macrófago) a los cuerpos extraños que invaden nuestro organismo y también secretan (producen y liberan en la sangre) citoquinas, sustancias muy activas que gobiernan la defensiva respuesta inflamatoria e inmunitaria.

Mientras tanto, los adipocitos almacenan energía bajo la forma de triglicéridos y regulan el metabolismo energético liberando hormonas como la leptina.

En el primero de los trabajos publicados en el Journal of Clinical Investigation, miembros de la Columbia University trataban de identificar diferencias genéticas en el tejido adiposo, relacionadas con la obesidad.

De manera sorprendente, el tejido adiposo de los individuos obesos mostraba una expresión genética cuyo perfil recordada a la expresión genética de los macrófagos. En concreto, entre el 30% y el 59% de los genes que se correlacionaban con la obesidad estaban relacionados con la biología de los macrófagos.

Dado que las poblaciones purificadas de adipocitos expresan los genes de las citoquinas, este aumento en el porcentaje de expresión por los adipocitos de genes relacionados con los macrófagos debía ser el resultado, al menos en parte, de un cambio en la expresión de los genes de los adipocitos.

El gen que expresa el factor PPR-gamma podría ser el gen compartido, ya que este gen es un regulador de la adipogénesis y también induce la maduración de los macrófagos.

En el síndrome metabólico de la obesidad los adipocitos se convierten en más grandes y producen más citoquinas, mientras que los macrófagos almacenan lípidos, sobre todo en las paredes de los vasos arteriales con arterioesclerosis.

Además, en ambos trabajos se llega a la conclusión que el tejido adiposo de los individuos obesos se encuentra infiltrado por macrófagos. Estos macrófagos pueden ser el resultado de las transdiferenciación de preadipocitos o adipocitos, aunque datos derivados del estudio de transplantes de médula ósea indican que la mayoría de los macrófagos del tejido adiposo deriva de la médula ósea.

Ambos estudios sugieren no sólo que los macrófagos y los adipocitos comparten la expresión de un cierto número de genes y sirven para funciones similares, sino que también sus funciones convergen en la misma área anatómica del organismo: el tejido adiposo. En este sentido, la distinción entre adipocitos y macrófagos se hace algo borrosa.

¿Cuáles son las implicaciones de estos hallazgos? Si se trata de causa o efecto de la obesidad no queda claro de estos estudios. Es posible que, de acuerdo con su función innmunitaria y defensiva frente a cuerpos extraños, los macrófagos reconozcan al exceso de tejido adiposo como algo extraño y por eso lo invadan, en un intento de neutralizarlo. En este sentido, los autores recuerdan que la citoquina TNF- alfa inhibe la adipogénesis.

Fuentes:
Nature Medicine
The Journal of Clinical Investigation
Recomienda a un amigo Imprimir
Si te ha interesado este artículo, te recomendamos:
 Abuso sexual y obesidad
 Niñez adversa y enfermedad
 Actividad física en la adolescencia y obesidad en la madurez
 Sedentarismo y obesidad
 Una posible explicación para el apetito insaciable
 Ventajas de la cirugía de la obesidad


Coordinación de expertos | Adheridos al código ético HON (Health on the Net Foundation).
Dirección de contenidos: Profesor Cristóbal Pera
Contacta con nosotros  |  Colabora con nosotros


Viernes, 16 de Mayo del 2008

INFORMACIÓN FIABLE PARA UNA VIDA SANA Y SALUDABLE

Haz planetalandia tu página de inicio