Infarto de miocardio y células madres


Tres artículos publicados en el mismo número de The New England Journal of Medicine del 21 de Septiembre de 2006 dan a conocer los resultados de tres estudios cuyo común objetivo ha sido investigar los efectos de la inyección intracoronaria de células madres, procedentes de la médula ósea del propio paciente que ha sufrido una infarto agudo de miocardio, sobre la función del ventrículo izquierdo.

En el primer artículo, Lunde K. Y colaboradores, de la Universidad de Oslo, diseñan un estudio aleatorizado y controlado: pacientes con infarto agudo de miocardio localizado en la pared anterior del ventrículo izquierdo fueron asignados aleatoriamente a un grupo que recibiría inyecciones en sus arterias coronarias de células mononucleares de su médula ósea, o bien a un segundo grupo de control, en el que no se realizaría esta infusión.

De los 50 pacientes asignados al tratamiento con infusión intracoronaria, 47 recibieron la inyección en una media de 6 días después del infarto. Tras valorar, mediante métodos de diagnóstico por la imagen, la función del ventrículo izquierdo, la conclusión de los autores es que no encuentran efectos positivos de la inyección intracoronaria de células madres extraídas de la médula ósea del propio paciente, sobre la función del ventrículo izquierdo, donde se produjo el infarto agudo, ni sobre el tamaño del infarto.

En el segundo artículo, Schächinger y colaboradores, investigadores de varias universidades germanas y una suiza, pertenecientes al grupo REPAIR-AMI (Acute Myocardial Infaction), asignan aleatoriamente a 204 pacientes con infarto agudo de miocardio a recibir una infusión intracoronaria de células madres derivadas de la médula ósea, o bien de un placebo entre 3 y 7 días después de haber sufrido el infarto. La conclusión de los autores de este artículo es que la infusión intracoronaria de células madres procedentes de la médula ósea del paciente se asocia con una mejor recuperación de la función de contracción del ventrículo izquierdo en los pacientes que han sufrido un infarto agudo de miocardio. Sin embargo, los autores consideran que son necesarios estudios más amplios para examinar los efectos potenciales de la infusión intracoronaria de células madres sobre las compliaciones y la mortalidad post-infarto.

En el tercer artículo, Birgit Assmus y colaboradores, de la Johann Wolfgang Goethe University, en Frankfurt, después de un ensayo preliminar sobre 17 pacientes, asignaron aleatoriamente a 75 pacientes que habían sufrido un infarto de miocardio al menos 3 meses previamente al estudio, para recibir alternativamente infusión intracoronaria de células circulantes en la sangre, infusión de células de la médula ósea o a no recibir infusión.

La conclusión de los autores de este artículo es que la infusión intracoronaria de células progenitoras es segura y factible en pacientes con infarto de miocardio ya curado. Esta infusión se asocia con una mejoría moderada pero significativa en la función del ventrículo izquierdo al cabo de tres meses. Por otra parte, los autores reconocen que son necesarios estudios más amplios para corroborar estos modestos resultados.

En un comentario del NEJM, en su sección Perspectivas, se llega a la conclusión de que en su conjunto, los resultados de los tres trabajos, con un total de 376 pacientes no permiten aconsejar el uso de la infusión intracoronaria de células procedentes de la médula ósea del propio paciente (células progenitoras antólogas) para mejorar la función ventricular tras un infarto.

Para el NEJM, estos tres ensayos clínicos "no detendrán probablemente la explotación de pacientes con las promesas de que células procedentes de la médula ósea (o de la sangre del cordón umbilical) pueden curar cualquier enfermedad crónica".

Para poner fin a estas falsas promesas, el NEJM sostiene que el Presidente Bush debe promover el apoyo adecuado a las investigaciones sobre el potencial clínico de las células de la médula ósea para determinar si existen en los adultos células pluripotentes con beneficios terapéuticos y, por otra parte, retirar su veto a la investigación con células madres procedentes de embriones.

En un recuadro de dicho editorial se afirma: "Cientos de miles de óvulos fertilizados serán destruidos sin que sea permitido que uno de ellos contribuya a nuestro conocimiento sobre la diferenciación de la célula".

Fuente: The New England Journal of Medicine
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Lunes, 8 de Septiembre del 2008

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