Fatiga en la adolescencia
En un artículo publicado en la revista Pediatrics del 6 de Junio de 2006, investigadores del Laboratorio de Psiconeuroinmunología y del Departamento de Psicología, Universidad de Utrecht, Holanda, se proponen determinar la prevalencia de la fatiga intensa en los adolescentes de ambos sexos, explorar el papel de los estilos de vida en la fatiga, e investigar si la fatiga intensa en una población sana se asocia con depresión, ansiedad y otros factores también observados en el síndrome de la fatiga crónica.
La fatiga, una queja frecuente entre los adolescentes, es atribuida, a menudo, a los cambios hormonales que acontecen durante la pubertad, a problemas de adaptación psicológica, y a las crecientes demandas educativas y sociales a las que se encuentran sometidos. Las elevadas cifras de absentismo escolar atribuidas a la fatiga indican que su impacto sobre los jóvenes no debe ser infravalorado.
El estudio se ha realizado en una población de 1.718 chicos y 1.749 chicas adolescentes, en la que se midió la intensidad de la fatiga y su duración mediante un cuestionario multidimensional, con cuatro escalas en las que se valora la intensidad de la fatiga, la capacidad de concentración, la motivación y la actividad física ("Checklist Individual Strength"). Además, mediante otros cuestionarios, se evaluaron síntomas depresivos, ansiedad, síntomas relacionados con el síndrome de la fatiga crónica (una enfermedad incapacitante caracterizada por una fatiga persistente asociada a otros síntomas como cefalea, mialgia, dolores articulares, dificultades para conciliar un sueño reparador, y trastornos cognitivos, la cual no puede ser explicada desde el punto de vista médico o psiquiátrico) y características de los estilos de vida.
Los resultados fueron los siguientes: Los datos obtenidos muestran una elevada prevalencia de la fatiga intensa en los adolescentes. Al mismo tiempo se observaron diferencias significativas entre chicos y chicas: en el 20,5% de las chicas y en el 6,5% de los chicos los valores obtenidos en los cuestionarios sobrepasan el corte de los valores considerados clínicamente dentro de la normalidad. De estos adolescentes, el 80% de las chicas y el 61,5% de los chicos comunicaron sufrir fatiga intensa durante un periodo de 1 mes o más.
En lo que se refiere a los estilos de vida, sólo las características del sueño y la participación en actividades deportivas juegan un papel en la predicción de la fatiga en ambos sexos. Sin embargo, en las chicas la fatiga se asociaba con mayor edad, una menarquia precoz, el uso de medicación y la ausencia de un trabajo adicional.
En términos generales, los valores obtenidos en las chicas adolescentes eran más elevados en cuanto a depresión, ansiedad y síntomas relacionados con el síndrome de la fatiga crónica.
Tanto en chicos como en chicas la duración de la fatiga se relaciona positivamente con la intensidad de ésta, la intensidad de la depresión y la ansiedad, así como con el número de síntomas relacionados con el síndrome de la fatiga crónica.
Las conclusiones de los autores son las siguientes: La prevalencia de una fatiga intensa en los adolescentes es elevada, especialmente en las chicas. Las chicas adolescentes parecen ser más vulnerables a los síntomas de la fatiga que los chicos.
Es interesante que, a pesar de la predominancia de los síntomas de la fatiga en las chicas, la relación entre la fatiga y depresión, ansiedad y síntomas relacionados con el síndrome de la fatiga crónica no es específica del género, femenino o masculino.
En ambos géneros, la duración de la fatiga se asocia con su intensidad y el nivel de síntomas relacionados con el síndrome de la fatiga crónica.
Los autores proponen la hipótesis de que una duradera fatiga intensa en los adolescentes puede ser un factor de riesgo para el desarrollo del síndrome de la fatiga crónica.
Fuente: Pediatrics
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