El título de un artículo publicado en el New York Times del pasado 9 de Marzo de 2008 se pregunta: ¿Potenciar el cerebro está bien o está mal? La cuestión analizada es el problema ético planteado por la creciente utilización, por individuos sanos, de fármacos que potencian la capacidad cognitiva, lo que está sucediendo, de modo especial, en el profesorado universitario de los Estados Unidos y en sus estudiantes.
En un reciente comentario publicado en la prestigiosa revista Nature, firmado por Barbara Sahakian y Sharon Morein-Zamir, del Departamento de Psiquiatría del MRC/Welcome Trust Behavioural and Clinical Neuroscience Institute, Universidad de Cambridge (Reino Unido), se informa que aproximadamente una docena de sus colegas en la universidad admiten utilizar de forma regular fármacos de prescripción médica como los estimulantes anfetamínicos (Alderall) y los que promueven el estado de vigilia y alerta como el modifinilo (Provigil, Alertec, Vigicer, Modalert, etc.) para mejorar su capacidad académica. El primero de estos fármacos ha sido aprobado para tratar el déficit de atención y el segundo para el tratamiento de la incontrolable tendencia al sueño o narcolepsia. Entre los estudiantes de la Universidad de California, en Irving, el abuso de los fármacos para estimular la capacidad cognitiva ocupa el segundo lugar tras la marihuana.
Recuerda el articulista del Times que Francis Fukuyama en su libro “Nuestro futuro post-humano. Consecuencias de la revolución biotecnológica” planteó la cuestión del mejoramiento humano (ver Blog “Estar mejor que bien”) con la siguiente sentencia: “El propósito original de la medicina es curar al enfermo y no convertir en dioses a los seres humanos sanos“.
En el comentario publicado en Nature por Barbara Sahakian y Sharon Morein-Zamir se plantean las siguientes cuestiones, con el objetivo de que los lectores contesten online:
¿A los adultos con graves problemas de memoria y de concentración mental causados por trastornos neuropsiquiátricos se debe administrar fármacos que potencian la capacidad cognitiva?
La respuesta es rotundamente sí. Estos fármacos son útiles en la enfermedad de Alzheimer y en el Síndrome hiperactividad y déficit de atención. En los pacientes con estas enfermedades los beneficios superan a los efectos adversos a corto y a largo plazo (boca seca, mareos, cefalea, vómitos, dolores articulares, etc).
¿Deben ser utilizados estos fármacos para potenciar la capacidad cerebral en sujetos normales?
En este punto surge la controversia. En realidad estos fármacos están siendo cada vez más utilizados en situaciones no médicas como en los turnos de trabajo nocturno y en el personal militar en activo.
La respuesta a esta cuestión debe considerar muchos factores, entre los que se debe incluir la dosis exacta, los beneficios y los riesgos a corto y a largo plazo y el propósito con el que el fármaco es utilizado.
Hay circunstancias en las que la mayoría opina que el uso de estos fármacos debe ser evitado o al menos regulado y controlado, como en los niños sanos o en situaciones competitivas (con inclusión de los exámenes para entrar en la universidad).
En otras circunstancias muchas opiniones coinciden en que el uso de estos fármacos para mejorar la concentración y la planificación puede ser tolerado o incluso alentado, como sería el caso de los controladores aéreos, los cirujanos y las enfermeras en las áreas de urgencias nocturnas, personal de seguridad de los aeropuertos y soldados en misión de combate.
¿Cómo reaccionar si nos enteramos que uno de nuestros colegas en el profesorado universitario o estudiantes utilizan fármacos para potenciar su capacidad cognitiva?
Las autoras conocen que un cierto número de sus colegas científicos en los EEEUU y en Reino Unido utilizan el modafinilo para contrarrestar los efectos del jet lag, para potenciar su productividad o energía mental y para todo tipo de retos intelectuales, un fármaco disponible online en Internet sin receta médica, aunque su uso no ha sido investigado a largo plazo en individuos sanos.
El debate sobre este uso debe considerar la amplitud de los beneficios esperados frente a los riesgos y los efectos adversos de estos fármacos.
En el momento actual existen fármacos relativamente seguros para potenciar la capacidad cognitiva con efectos claros en individuos sanos. En mayor parte de estos fármacos sus efectos son moderados y potencian tan solo algunos aspectos de las habilidades cognitivas. En el caso del metilfenidato (Ritalin) se mejora la atención pero se empeoran las habilidades espaciales.
En consecuencia, las autoras creen que el debate actual debe centrarse en los riesgos y daños a nivel individual. Dado que es difícil frenar la extensión del uso de los fármacos que potencian la capacidad cognitiva teniendo en cuenta la existencia real del mercado global de productos farmacéuticos en Internet, sería preferible establecer regulaciones que permitan un acceso supervisado a fármacos que potencian la capacidad cognitiva que sean seguros y eficaces.