Instrumental quirúrgico y comercio justo
En un artículo publicado online en Septiembre de 2006 en el British Medical Journal, Mahmood F. Bhutta, del Departamento de Otorrinolaringología del St. Thomas´Hospital, Londres (que dedica un especial interés a los problemas de la salud en un mundo globalizado y la vertiente ética de estas situaciones indeseables) afirma, de entrada, que así como se procura velar por un comercio justo ("fair trade") de productos tales como el café, el azúcar y los plátanos, sin embargo no se presta la misma atención a las condiciones, desde el punto de vista humano, en las que son manufacturados instrumentos quirúrgicos en países en vías de desarrollo.
Muchos de los instrumentos quirúrgicos utilizados en los países desarrollados son actualmente manufacturados en países en vía de desarrollo y, como sucede con otras mercancías, su comercialización está, en principio, expuesta a la explotación de poderosas compañías transnacionales, que imponen precios muy bajos y condiciones laborales humanamente rechazables.
El comercio mundial de los instrumentos quirúrgicos que utiliza manualmente el cirujano (bisturís, pinzas, tijeras, etc.) alcanza los 606 millones de euros al año. La mayor parte de estos instrumentos son manufacturados en ciudades de Europa y Asia: Tuttlingen (Alemania), Sialkot (Pakistán), Penang (Malasia), Debrecen (Hungría) y Varsovia (Polonia). De estas ciudades, la mayor producción procede de Tuttlingen y Sialkot. En cada una de estas dos ciudades existen más de 300 empresas dedicadas a estas manufacturas, mientras que en las otras ciudades arriba citadas, sólo se ubican varias firmas. Por cierto, el 70% de los balones de fútbol que se usan en el mundo se cosen a mano, por miles de niños, en la citada Sialkot, una próspera ciudad situada al noroeste de la provincia del Punjab.
Las compañías afincadas en Tuttlingen (Alemania), que emplean unos 6.000 trabajadores, fabrican casi 2/3 de los instrumentos quirúrgicos usados en todo el mundo, están especialmente implicadas en la manufactura de un instrumental quirúrgico tecnológicamente complejo, como el utilizado, por ejemplo, en la cirugía laparoscópica, así como de implantes, aparte del instrumental más tradicional (bisturís, pinzas, tijeras, etc.).
Por el contrario, la industria de Sialkot (Pakistán) utiliza métodos de producción más tradicionales, y la mayoría de los instrumentos, sobre todo bisturís, pinzas y tijeras, son fabricados y terminados a mano. Esta es la razón por la que en Sialkot se emplean a 50.000 trabajadores (en contraste con los 6.000 de Tuttlingen) para colocar en el mercado una quinta parte de la producción mundial de instrumentos quirúrgicos.
Los fabricantes de Sialkot necesitan minimizar los costes para ser competitivos; por esta razón subcontratan su producción de instrumentos quirúrgicos a trabajadores empleados en pequeños talleres artesanos, o bien a quienes trabajan en sus propias casas. Estos trabajadores subcontratados (entre los que se incluyen desgraciadamente mano de obra infantil, utilizada sobre todo para el afilado de los instrumentos semiterminados) son pagados por instrumento terminado, lo que supone para cada uno de estos trabajadores una ganancia media aproximada de 2 dólares diarios.
Antes de su exportación, la calidad de los productos es contrastada con los estándares exigibles en la Unión Europea y en los EEUU. Dado que los fabricantes de instrumentos quirúrgicos de Pakistán no suele disponer de la infraestructura necesaria, o de una presencia en el mercado que les permita negociar directamente con los países de destino, están obligados a vender sus productos a intermediarios proveedores de este material, con un pequeño margen de beneficio. Son estos intermediarios los que negocian directamente con los usuarios de este material en los Estados Unidos y en la Europa occidental. El resultado es que unas tijeras quirúrgicas, con un coste de producción en el Pakistán de 1,00 dólar, son exportadas desde Pakistán a Alemania al precio de 1,25 dólares, y será vendido probablemente a un hospital a un precio cercano a los 80 dólares. Los instrumentos quirúrgicos fabricados en Pakistán llevan habitualmente marcada la leyenda "Made in Germany".
El autor concluye con una llamada de atención el Gobierno británico para que los proveedores del Servicio Nacional de la Salud investiguen el origen del material quirúrgico adquirido, así como si en los países en vías de desarrollo de donde proceden en gran parte, como Pakistán, se violan en su manufactura las exigencias de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) respecto a condiciones sanitarias del lugar trabajo, protección de los niños, y salarios justos.
Fuentes: British Medical Journal OIT
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