Éxtasis y Parkinson

La droga conocida vulgarmente como éxtasis (en realidad la metilendioximetanfetamina o MDMA) no sólo ejerce un efecto tóxico y destructivo para las neuronas cuya sustancia transmisora es la serotonina (neuronas serotoninérgicas), como ya era conocido, si no que, a las dosis habitualmente ingeridas por los jóvenes que la utilizan para alargar el tiempo de su diversión nocturna, produce lesiones destructivas graves en las neuronas dopaminérgicas, que son aquéllas en las que la sustancia química neurotransmisora es la dopamina.

Este hallazgo introduce una grave preocupación social: quienes habitualmente utilizan el éxtasis corren el riesgo, como jóvenes adultos o más tarde, de desarrollar trastornos de la regulación del movimiento relacionados con la deficiencia de dopamina, representados por la enfermedad de Parkinson.

Hasta ahora, los estudios experimentales en diversas especies de animales habían puesto de manifiesto que el éxtasis produce lesiones en las neuronas serotoninérgicas, sin afectar significativamente, y de forma duradera, a las neuronas dopaminérgicas.

En un trabajo publicado en la revista Science del 27 de septiembre de 2002, un grupo de investigadores de los departamentos de Neurología, Psiquiatría y Neurociencias de la Facultad de Medicina de la Johns Hopkins University, en Baltimore, EE.UU., utilizan como animal de experimentación unos primates no humanos, los monos ardillas (Samiri sciureus).

A estos animales se les administró el éxtasis a una dosis de 2 mg/kg, tres veces, con intervalos de 3 horas, hasta una dosis total de 6 mg/kg.

De los 5 monos tratados con éxtasis, tres animales toleraron la droga sin aparente dificultad. Un mono perdió movilidad y su marcha era inestable, después de la segunda dosis, por lo que no se le aplicó la tercera. El quinto mono desarrollo un síndrome de hipertermia maligna y murió tras recibir la tercera dosis.

Dos semanas después de la administración de la droga, los tres monos que habían tolerado las dosis fueron examinados mediante técnicas muy precisas que permitían valorar, desde el punto de vista químico y anatómico, el estado de las áreas cerebrales donde se encuentran las neuronas serotoninérgicas y las dopaminérgicas: además de la ya conocida reducción en la densidad cerebral de los axones correspondientes a las neuronas serotoninérgicas, los mismos monos presentaban una intensa reducción de los axones correspondientes a las neuronas dopaminérgicas. La pérdida de axones dopaminérgicos era muy superior a la pérdida de axones serotoninérgicas.

En resumen, los autores de este muy interesante trabajo comunican que el éxtasis ejerce una grave acción neurotóxica sobre las neuronas dopaminérgicas, asociada a una más modesta acción neurotóxica sobre las neuronas serotoninérgicas, en monos a los que se les administra la droga en dosis similares a los que utilizan los jóvenes humanos con fines "recreativos".

En conclusión, los hallazgos del grupo de la Johns Hopkins University tienen gran importancia científica y, especialmente, desde el punto de vista de la salud pública, sobre todo en las posibles relaciones entre el consumo de éxtasis y el posterior desarrollo de la enfermedad de Parkinson.

Dado que el uso del éxtasis está universalmente extendido y su consumo sigue aumentado, los autores se preguntan por qué no se han comunicado más casos de enfermedad de Parkinson inducida por el éxtasis.

Una explicación sería que el Parkinson no se hace clínicamente aparente hasta que han sido destruidas del 70% al 80% de las neuronas dopaminérgicas. Por otro lado, es posible que algunos de los más recientes casos de enfermedad de Parkinson iniciados en individuos más jóvenes de lo habitual, estén relacionados con el consumo de éxtasis y esta relación haya sido reconocida.

Para terminar, los individuos que utilizan dosis repetidas de éxtasis durante varias horas, corren grave riesgo de sufrir graves lesiones de sus neuronas dopaminérgicas, junto con lesiones de las neuronas serotoninérgicas. Estas lesiones de las neuronas dopaminérgicas, junto con el declive de la función dopaminérgica normalmente asociado a la edad, puede colocar a estos individuos en una situación de riesgo elevado de desarrollar, como adultos jóvenes o más tarde a lo largo de su vida, una enfermedad de Parkinson u otras afecciones neuropsiquiátricas que se relacionan con el déficit cerebral de dopamina.

Fuente: Science

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Viernes, 16 de Mayo del 2008

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