Voy a cumplir 27 años y soy estudiante de Administración de Empresas. En la actualidad no trabajo puesto que me dedico a cuidar de mi hija de año y medio. Hace un mes que tengo mareos, y hace una semana me quedé sin respiración. En urgencias me dijeron que era estrés, pero los mareos continúan y me ha bajado nuevamente la tensión. ¿Qué debo hacer?
Patricia
RESPUESTA
De acuerdo con los datos que nos ha hecho llegar, parece evidente que está sometida a un trabajo estresante, con unas exigencias psicológicas muy elevadas, dedicada todo el tiempo a ella, a su niña de año y medio, con toda la máxima atención que estos cuidados exigen de una madre, y a su Universidad.
Copiamos de uno de los textos incluidos en Saludlandia.com:
“El Diccionario de la Real Academia Española define al estrés como “la tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”. En esta definición, la apelación a “lo psicosomático” incluye la respuesta integrada de los sistemas nervioso y endocrino (respuesta neuroendocrina). Según el mismo diccionario, trabajo estresante es el que produce estrés.
Además, “un trabajo se considera estresante cuando sus exigencias psicológicas son muy elevadas mientras que el control personal que el trabajador ejerce sobre las labores que debe realizar es mínimo o nulo". En todo caso, los síntomas y signos que padece parecen corresponderse con el denominado síndrome de “estar quemado” (síndrome del burnout), que es otra forma de manifestarse el estrés laboral crónico en quienes trabajan con personas (de modo especial en la asistencia sanitaria, como médicos y enfermeras), un complejo de síntomas y signos caracterizado por agotamiento emocional, pérdida progresiva de energía, desmotivación, frustración, ansiedad, manifestaciones neurovegetativas como mareos, e incluso depresión.
La combinación de una sobrecarga crónica de trabajo y de dificultades para cumplirla se ha invocado como causa dominante en el síndrome del bournout que acarrea, como grave y negativa consecuencia, un progresivo deterioro personal para el que lo sufre.
Si racionaliza la situación de sobrecarga de trabajo en la situación transitoria en que se encuentra (poniendo en primer plano la satisfacción maternal derivada del cuidado exigente de su hija) y procura la mejor organización posible de las labores que debe cumplir cada día, dejando libre aunque sea un mínimo de tiempo a la relajación personal dedicada a aquello que más satisfacción le produzca, no será necesario que tenga que solicitar ayuda psicológica.