¿En qué consiste la Toxocariasis canis?

 
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El Toxocara canis es un gusano perteneciente al género de los nematodos, de cuerpo cilíndrico y no segmentado, que mide entre 5 y 15 cm de longitud, huésped frecuente y casi universal del intestino delgado del perro, de modo especial en los cachorros recién nacidos.

Son los cachorros con menos de 5 semanas (especialmente los que no sólo albergan en su intestino numerosos gusanos adultos Toxocara canis, sino también abundantes larvas que han emigrado a diversos órganos) los que no sólo son portadores del gusano en su intestino, sino que pueden presentar síntomas de la infección correspondiente a los órganos afectados: tos, respiración ruidosa, secreción nasal, vómitos, diarreas, distensión abdominal, retraso del crecimiento y palidez de las mucosas.

La toxocariasis canis es una zoonosis y, como en todas las parasitosis animales que pueden transmitirse al ser humano convertido en un huésped accidental del parásito, interesa conocer cómo se desarrolla el ciclo vital del Toxocara canis en el perro, su huésped habitual:

Los huevos del gusano adulto (de los que puede llegar a poner 20.000 al día) que habita en el intestino delgado, son eliminados incluidos en las heces de los perros infectados, sobre todo los cachorros, contaminando el medio ambiente en el que viven: la casa, donde los niños juegan con ellos, perros, así como la tierra y el césped de los parques públicos donde se permite su esparcimiento.

Una vez depositados, y tras un periodo de maduración, cuya duración depende del clima y la temperatura ambiente (semanas durante el verano y meses en el invierno), los huevos se transforman en infectivos para otros animales, al alcanzar la fase embrionaria de larva.

En favorables condiciones climáticas, los huevos del gusano pueden conservarse en el suelo hasta tres años.

Alcanzada la fase embrionaria, los huevos son ingeridos por otros perros: si el perro que los ingiere tiene menos de 5 semanas, los huevos eclosionan en su intestino y las larvas liberadas atraviesan la pared intestinal desde donde, transportados por la sangre de la vena porta llegan al hígado y, desde allí, a los pulmones y al árbol bronquial; cuando el perro tose, algunas larvas son ingeridas y, pasando al esófago, alcanzan el intestino delgado donde se convierten en gusanos adultos.

Por el contrario, si el perro tiene más de 5 semanas, los huevos eclosionan en el intestino, liberan las larvas y éstas, tras atravesar la pared intestinal, pasan a la circulación hasta asentar en diversos órganos en los que su desarrollo a gusano adulto queda bloqueado.

En las perras que quedan preñadas las larvas enquistadas se reactivan e infectan a sus crías pasando a través de la placenta (vía prenatal) y de la leche (vía calostral) hasta que se establecen como gusanos adultos en el intestino delgado de los cachorros.

El ser humano es un huésped accidental del Toxocara canis, del que se infecta al ingerir accidentalmente huevos madurados que se hallan en un suelo contaminado y, de modo especial, los niños jugando con sus perros.

Tras la ingestión, los huevos eclosionan y las larvas penetran en la pared intestinal y son conducidas por la circulación a muy diversos tejidos (hígado, corazón, pulmones, cerebro, músculo y ojos), donde se detiene su ciclo vital y se enquistan provocando una reacción inflamatoria local, característica de la toxocariasis canis como zoonosis.

En la mayoría de los casos la infección humana por el Toxocariasis canis no es grave y no da lugar a síntomas; todo lo más, un significativo aumento de los leucocitos eosinófilos (eosinofilia) en la sangre y una serología positiva por desarrollo de anticuerpos frente al gusano.

Cuando la Toxocariasis canis se presenta clínicamente en el ser humano como una zoonosis lo hace bajo dos formas principales: la forma visceral y la forma ocular.

En la forma visceral, que ocurre fundamentalmente en niños en edad pre-escolar, las larvas emigrantes se asientan en muy diversos tejidos, en los que cierran su ciclo vital, aunque provocan una intensa respuesta inflamatoria que, según el órgano donde asientan, se manifiesta con una semiología muy variada en la que se combinan síntomas generales, gastrointestinales y respiratorios: fiebre, inapetencia, adelgazamiento, tos, dificultad respiratoria, dolor abdominal, aumento de volumen del hígado y del bazo (hepatomegalia y esplenomegalia) y crisis de urticaria.

En la forma ocular, también casi exclusiva de la edad infantil, unas cuantas larvas alcanzan el globo ocular, donde mueren, y allí provocan una intensa reacción inflamatoria en la úvea originando una uveítis; esta reacción inflamatoria de la úvea puede materializarse como un granuloma posterior que afecta al nervio óptico en la mácula de la retina, un granuloma periférico o bien una inflamación difusa intraocular, que afecta a todas las capas del ojo denominada endoftalmitis.

El aspecto de las lesiones posteriores que ha conducido, en ocasiones, al diagnóstico erróneo de retinoblastoma.

La ceguera puede ser el final de la forma ocular de Toxocariasis canis no diagnosticada a tiempo y no tratada correctamente.

Según el CDC (Centro de Control de Enfermedades) de los EE.UU., cada año unas 700 personas infectadas con Toxocara canis sufren una pérdida parcial y permanente de la visión.

La confirmación del diagnóstico de la Toxocariasis canis no puede establecerse por la detección microscópica de huevos en las heces (ya que en el ser humano el ciclo del parásito se interrumpe en la fase larvaria, razón por la que no ha lugar a que se produzcan ni se excreten huevos en las heces humanas), sino por la detección de anticuerpos desarrollados frente al Toxocariasis canis, mediante una prueba serológica.

El tratamiento básico de la Toxocariasis canis debe ser, en principio, su prevención mediante el periódico control veterinario de los perros, sobre todo cachorros, lo que implica el tratamiento periódico con antihelmínticos para eliminar los gusanos de su intestino delgado.

Fuente: CDC
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Domingo, 14 de Marzo del 2010

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