Educación y enfermedad coronaria


En un artículo publicado en el Journal of American Medical Association del 19 de Abril de 2006, investigadores pertenecientes a departamentos de Medicina Preventiva de EEUU y China (Universidad de Pekin) se proponen examinar la asociación de la educación con los datos obtenidos, mediante tomografía axial computorizada ultrarrápida, sobre el calcio presente en las arterias coronarias (CAC por “coronary artery calcium”) como indicador de una teroesclerosis que todavía no se ha manifestado clínicamente (ateroesclerosis subclínica) y con otros factores de riesgo cardiovascular.

La evaluación del calcio presente en las arterias coronarias (CAC) mediante tomografía axial computorizada ultrarápida se utiliza recientemente como un indicador de la enfermedad coronaria subclínica. Es un método no invasivo que permite medir el calcio presente en la placa de ateroesclerosis de las arterias coronarias, como un factor predictivo de probables complicaciones en la circulación coronaria (enfermedad coronaria e infarto de miocardio).

El estudio, observacional y prospectivo se ha realizado en una población de 5.115 adultos, blancos y negros, de edades entre 18 y 30 años en el año 0 del estudio (1985-1986), reclutados en 4 áreas metropolitanas de los EEUU y re-examinados en el año 15 (2000-2001), ya con edades entre 33-45 años de edad. Dentro de cada centro la muestra de participantes fue diseñada de modo que incluyera aproximadamente el mismo número de individuos por sexo, raza, edad y educación (inferior o superior a “high school”). La educación (evaluada en el año 15 de este estudio) fue clasificada en 5 grupos, de acuerdo con los años de escolarización completados por el participante: menos de 12 [inferior a “high school”] (n=128), 12 [graduado en “high school”] (n=498), 13 a 15 [algunos años de “college”] (n=902), 16 [graduado en “college”] (n=764), y más de 16 [>graduado en “college”] (n=621).

La presencia de CAC se midió dos veces mediante tomografía axial computorizada y se valoró con un baremo específico (“coronary artery calcium score”) en el año 15 del estudio.

Los resultados fueron los siguientes: Al comienzo del estudio la edad media fue de 25,2 años. En el año 15 del estudio las personas con educación más elevada fueron mayores en edad y mujeres y de raza blanca, de manera desproporcionada. La educación se relacionaba inversamente, y de manera significativa, con la presión sistólica , el tabaquismo, la circunferencia medida a nivel de la cintura y el índice de la masa corporal al comienzo del estudio.Un fuerte relación positiva se observó entre educación y actividad física. No se observó relación, o ésta era muy débil, entre presión diastólica, y niveles de colesterol y triglicéridos.

En esta muestra de población, la prevalencia global de un baremo de CAC mayor de 0 (presencia de calcio en las arterias coronarias) en el año 15 del estudio (edades entre 33 y 45 años) fue del 9,3% . Después de los ajustes estadísticos apropiados a edad, sexo y raza, la prevalencia de CAC fue inversamente asociada con la educación, con una mayor prevalencia de calcificación en las arterias coronarias en aquellos individuos con una educación inferior a la correspondiente a una “high school”.

Todos los factores de riesgo para la enfermedad cardiovascular detectados en el año 0, al comienzo del estudio, excepto la actividad física, fueron factores predictivos significativos de la presencia de CAC.

La conclusión de los autores es la siguiente: La educación se relaciona inversamente con la prevalencia de calcio en las arterias coronarias (CAC) en la edad media de la vida, con un riesgo especialmente elevado en aquellos individuos con una educación inferior a la obtenida en una “high school”.

Estos hallazgos se explican sólo en parte por los factores de riesgo detectados 15 años antes de la medida del CAC y por el incremento de los factores de riesgo a lo largo de los 15 años.

Los autores consideran que sus hallazgos sugieren que la bien conocida relación entre educación y salud debe explicarse, además de por los diferentes perfiles de los individuos en cuanto a factores de riesgo y a sus facilidades de acceso a la asistencia sanitaria, por estilos de vida no saludables y por factores psicosociales, como la depresión y estrés en el trabajo.

Fuente: Journal of American Medical Association

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Lunes, 13 de Octubre del 2008

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