En un artículo publicado en la revista Journal of Adolescent Health del mes de Marzo de 2008, miembros del Departamento de Salud y Epidemiología de la Universidad de Washington (Seattle, Washington), se proponen evaluar epidemiológicamente la efectividad de los programas de educación sexual en una población de adolescentes.
El método seguido en el estudio epidemiológico ha sido el siguiente: entre 1.719 adolescentes heterosexuales con una edad media de 17 años (47,4% del sexo femenino, 52,6% del sexo masculino), que nunca se habían casado, y que informaron acerca de la educación sexual recibida antes de su primer coito, se compararon los riesgos respecto a la salud sexual entre los que recibieron como educación tan sólo practicar la abstinencia sexual y los que recibieron una educación sexual formal.
Los resultados fueron los siguientes: en las adolescentes que recibieron una educación sexual formal fue menos frecuente un embarazo que en aquellas que no la recibieron.
Una educación basada tan sólo en la recomendación de la abstinencia sexual no redujo la posibilidad entre la adolescentes de un coito vaginal, mientras que una educación sexual formal sí se asociaba con una menor probabilidad de esta relación sexual.
Ni la educación basada sólo en la abstinencia sexual ni la educación sexual formal reducían significativamente la probabilidad de adquirir una enfermedad de transmisión sexual.
Las conclusiones son las siguientes: una educación sexual formal acerca de la utilización de contraceptivos no se asocia con un incremento del riesgo de la actividad sexual de los adolescentes o de las enfermedades de transmisión sexual.
Las adolescentes que reciben una educación sexual formal tienen un menor riesgo de quedar embarazadas que las adolescentes que sólo reciben la recomendación de abstinencia sexual o que no reciben ningún tipo de recomendación.