El dolor crónico es un problema social
La definición de la International Association for the Study of Pain (IASP) establece que "el dolor es una sensación nada placentera y una experiencia emocional que se asocia normalmente con lesión de los tejidos o bien se describe como si existiera esa lesión". La definición actual del dolor lo contrapone al placer, como ya lo hicieran Aristóteles y Epicuro.
El componente emocional del dolor, cuando alcanza un determinado nivel, provoca el sufrimiento del individuo al sentirse amenazado en su integridad biológica, personal e incluso social. Quede constancia aquí de que este binomio habitual en la condición humana, dolor/sufrimiento, puede ser elaborado y reconvertido emocionalmente, hasta hacer posible la antinomia dolor/placer o, en otro sentido totalmente diferente, en la secuencia ritual dolor/purificación de una culpa, sea autoinfligido-penitencia o aplicado externa y violentamente como pena corporal dolorosa, que en el suplicio ("l´art de faire souffrir, un jeu de douleurs plus subtiles..." escribió M. Foucault) llegaba hasta la pena de muerte. En los países desarrollados donde persiste esta pena, se evita el dolor físico y la ejecución se convierte en un ritual dramáticamente anodino.
Desde este sentido holísticamente personal "el dolor es una experiencia perceptiva y afectiva, determinada por la historia del individuo que lo sufre, por el significado que para él tiene la agresión que lo origina o la situación en que se produce, por el estado de su mente en ese momento, así como por los impulsos nerviosos inducidos por la estimulación física". En esta descripción de R. Melzack quedan sugeridos los dos niveles en los que se disponen los mecanismos del dolor:
a) El nivel que corresponde a la neurofisiología sensorial (del que poseemos numerosos datos sintetizados en la teoría de la puerta de entrada ("gate theory") y en las posteriores adiciones, ante su insuficiencia para explicar el dolor del miembro fantasma, como el concepto de la neuromatriz cerebral en la que se grabaría la imagen de la propia corporeidad) a través del cual el estímulo álgico se traslada desde el foco hístico causante del dolor a las astas posteriores de la médula, donde es modulado- los impulsos conducidos por fibras finas "abren la puerta" y los de las fibras gruesas la "cierran" -y es también influenciado por estímulos cerebrales descendentes.
b) El nivel de la neurofisiología central de las emociones, enormemente complejo e insuficientemente comprendido, pero un componente esencial en el procesamiento del dolor.
En cuanto experiencia emocional, el dolor (un fenómeno de la conciencia) pertenece al ámbito de lo subjetivo y no es observable, por lo que su medición es una valoración indirecta de su duración, intensidad, calidad y significado personal, realizada a través de las expresiones de aquél que lo sufre.
El padecimiento provocado por el dolor puede presentarse sorpresivamente, con agudeza -dolor agudo- o bien de modo persistente -dolor crónico-. En estas dos formas de presentación clínica del dolor pueden hacerse diferentes lecturas de sus propósitos biológicos ¿Para qué sirve el dolor?
El dolor agudo (infarto de miocardio, perforación gástrica o duodenal, apendicitis aguda) parece tener un propósito: según una interpretación teleológica, el dolor agudo "avisa" de la evolución de un proceso patológico "oculto" y, de este modo, "protege" al paciente de los riesgos de una evolución silenciosa hacia lo peor: Es un dolor-con-propósito.
Por el contrario, el dolor crónico (aquél que dura más de tres meses), moderado o intenso, continuo o intermitente, que destruye la calidad de vida del paciente, no cumple una función protectora y se convierte en un dolor innecesario, un dolor-sin-propósito o, si se quiere, un dolor convertido ya en un despropósito.
Esta conversión del dolor con propósito biológico en dolor-despropósito, se produce paradigmáticamente, por ejemplo, en el dolor crónico del paciente con enfermedad neoplásica avanzada.
El dolor crónico, taxonómicamente desglosado en numerosos síndromes dolorosos crónicos, tiene hoy, por su extensa y creciente epidemiología -debido a la creciente asociación cáncer/edad avanzada- una preocupante dimensión social.
La lucha contra el dolor, aunque sigue encontrando dificultades en la aplicación de sus avances en sus ciencias básicas a la práctica clínica, ha conseguido dominar prácticamente a las muy diversas variantes del dolor agudo, empezando por el dolor quirúrgico, pero se enfrenta hoy con las resistencias y dificultades que plantea el dolor crónico.
El dolor provocado por la agresión quirúrgica que toda operación representaba era, antes del descubrimiento de la anestesia, una terrible secuencia de dolores agudísimos que, en la vieja cirugía, conducían sistemáticamente al indeseado montaje de escenas de horror. Los extraordinarios avances producidos en las técnicas anestésicas han impuesto al enfermo el silencio y la quietud sobre la mesa de operaciones, lo que permite al cirujano "tomarse su tiempo" y sustituir la celeridad imprecisa por el trabajo cuidadoso y paciente. En estos avances se incluyen también los conseguidos en el control del dolor postoperatorio.
El carácter multidimensional del fenómeno doloroso crónico exige hoy para su tratamiento una aproximación multidisciplinaria mediante unidades específicas o clínicas del dolor, impulsadas ya, a finales de los años 60, por John J. Bonica en la University of Washington, en Seattle.
Algunos pacientes muy especiales han sido capaces de contar su dolor crónico, según las características de la pertinaz agresión y de su propio componente emocional, con un lenguaje personalísimo. Así, el lenguaje pictórico ha conseguido expresar gestualmente el sufrimiento que causa el dolor.: "mueca", "quejido" e incluso "grito" que parece exhalar un alma abrumada por la ansiedad. Dejó escrito Edward Munch: "sin la enfermedad y la ansiedad yo hubiera sido un barco sin timón".
Otras veces, el dolor crónico se expresa pictóricamente con una impasibilidad inquietante: "yo pinto mi realidad" decía Frida Kahlo, quien consiguió transmutar el terrible dolor crónico de su maltratada columna vertebral en una obra plena de extraordinaria expresividad.
En la voz inconfundible de Emily Dickinson, el lenguaje poético ha logrado reunir, bellamente encadenadas, las palabras esenciales como son placer/dolor/sufrimiento:
"El corazón busca primero el placer
Y luego, liberarse del dolor;
Y luego, los triviales calmantes
que amortiguan el sufrimiento".
Fuente: Cristóbal Pera. JANO, "Medicina y Humanidades", 1999
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