Cuerpo-artefacto, pero humano
Siempre que los cirujanos hicieron predicciones sobre el futuro de su profesión, optaron por las que Peter Medawar calificó como predicciones negativas, es decir, las que negaban la posibilidad de más progreso, deslumbrados por lo ya conseguido. Iniciado el siglo XXI, desde la conciencia del extraordinario progreso quirúrgico con el que se cerró el siglo XX, conviene ser prudentes para no caer en el extremo opuesto, el de las predicciones demasiado positivas.
Estas son mis predicciones centradas en el análisis de las que entendemos como sus palabras esenciales.
La cirugía seguirá siendo, obviamente, obra de las manos, porque ello le va en su esencia, aunque la mano del cirujano será progresivamente una mano que se va distanciando de la inmediatez del campo operatorio, mientras que la mano robótica ocupará, siempre que sea posible y conveniente, su lugar en el interior de dicho campo.
Por este camino, del mismo modo que la mano del violinista acaba transformándose en mano-artefacto en su interacción con el violín, artefacto musical, la mano natural del cirujano terminará por convertirse, con el progreso de su complejísima interacción con el robot-artefacto quirúrgico, en mano-artefacto, con una cada vez mayor interfase entre lo biológico y lo cibernético.
En lo que respecta a la incisión en la superficie del espacio corporal, que abre el camino a la invasión de éste, la cirugía del siglo XXI proseguirá con la tendencia a minimizar su carácter invasivo -cirugía mínimamente invasiva- y las consecuencias de la agresión biológica, mediante la reducción de la longitud y el volumen de la herida operatoria a la mínima expresión.
La mano de cirujano irá desistiendo de penetrar en el campo operatorio profundo y traspasará el ejercicio de sus acciones en dicho campo a instrumentos que manejará desde fuera del espacio corporal, o incluso a manos robóticas, que ocupan menos espacio y son extraordinariamente precisas en sus gestos.
Con relación al campo operatorio, se extenderán las técnicas que están permitiendo, como en la neurocirugía y en la cirugía ortopédica, que, tras obtener una imagen tridimensional digital del área anatómica incluida en dicho campo, desplegar todo un sistema extraordinariamente preciso de localización espacial de la lesión durante la intervención quirúrgica.
La resección como acto quirúrgico que implica la extirpación o exéresis de las lesiones orgánicas, seguirá siendo palabra esencial, aunque se acentuará la tendencia a reducir, siempre que sea posible, la extensión de lo resecado.
En la moderna cirugía oncológica la radicalidad ya no es entendida como la pretensión de llegar en la extensión de lo extirpado a las raíces del mal cueste lo que cueste, sino como una pretensión que debe alcanzarse combinando integradamente diversos procedimientos terapéuticos, tanto quirúrgicos como no quirúrgicos.
Cuando la cuantía del territorio corporal extirpado, o bien su valor funcional, así lo requieran, el cirujano seguirá completando su acción quirúrgica, curativa o paliativa, mediante el tiempo operatorio de la reconstrucción a partir de los propios tejidos, o a través de la sustitución de lo extirpado con prótesis, trasplantes o injertos.
No obstante, a la reconstrucción que restaura anatómica y funcionalmente lo eliminado por la cirugía o lo desgastado por la enfermedad o por el uso, se añadirá progresivamente en la cirugía del siglo XXI la modificación del cuerpo por razones que no sólo son estéticas, en un mundo sometido a su omnipresencia cultural.
En la cirugía del siglo XXI las prótesis, copias del cuerpo normalizadas, codificadas y consumibles, serán el paradigma del objeto mediante el cual, en solitario o por acumulación en un mismo individuo, el cuerpo humano se va transformando en artefacto.
La creciente variedad y disponibilidad de modelos de prótesis/artefactos que pueden ser introducidos en el espacio corporal, con fines funcionales y/o estéticos, transformará progresivamente al cuerpo humano en una compleja suma de artefactos, con una interfase cada vez más extensa entre lo tecnológico y lo biológico, entre lo cibernético y lo orgánico, como en las futuristas criaturas conocidas como cyborgs, creadas por los escritores de ciencia ficción.
Como consecuencia de esta presencia creciente de la tecnología, la cirugía del siglo XXI se parecerá cada vez más a un complejísimo artefacto, una creación humana en la que, a pesar de todo, la mano del cirujano, acentuando también su propia reconversión en mano-artefacto debido a la progresiva presencia de la mano robótica, seguirá ocupando una posición esencial.
Será una cirugía en continua transformación, siempre con la intención de eliminar o aliviar el sufrimiento del cuerpo, pero recreándolo a su vez como cuerpo-artefacto, a través del extenso uso de prótesis, trasplantes e injertos.
La intensa deriva de la medicina hacia el predominio terapéutico de las prótesis y de los trasplantes, iniciada ya en el último cuarto del siglo XX, y tan brillantemente analizada en su día por Jacques Attali, se incrementará en el siglo XXI.
En los trasplantes de órganos,el receptor consume y se apropia de una parte de otro para seguir viviendo, aunque para apropiarse de esa parte del otro deba incluirla en su propio yo, venciendo las fuertes resistencias inmunitarias del receptor a la apropiación del fragmento del donante.
Cuando esto sucede de forma sistemática, dentro planes institucionalizados, surge la tentación de convertir a los fragmentos corporales adecuados para esta apropiación en valores cotizables en el mercado, es decir, a su transformación de hecho en mercancías. Este es un riesgo cierto que hay que evitar.
Más allá de todo este predecible progreso científico y tecnológico estará siempre el paciente con su problema.
Desde esta perspectiva ineludible, sólo una cirugía seguirá siendo éticamente aceptable en el siglo XXI: aquélla que, como una indicación honestamente necesaria para la curación o el alivio de un paciente bien informado, y, obviamente, desde la competencia del cirujano, se asienta en fundamentos científicos y en la compasión por el sufrimiento humano.
Fuente: Diario Médico
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