Cirugía de la obesidad
Las intervenciones quirúrgicas para tratar la obesidad se han incrementado significativamente en los Estados Unidos, pasando de 20.000 hace 5 años a 40.000 en el año 2000, según un artículo publicado en el "British Medical Journal" del 21 de octubre de 2000.
Más de la mitad de los norteamericanos tienen sobrepeso, definido por un índice de masa corporal (peso en kg./(altura en m2) de 25 a 29. Alrededor del 18% son obesos con un índice de masa corporal de 30 o más.
En el Reino Unido hace 20 años sufría obesidad el 5% de la población, mientras que ahora alcanza el 17%. También ha aumentado la obesidad mórbida definida como aquella obesidad que, con un índice de masa corporal superior a 40, interfiere las normales funciones fisiológicas, como la respiración.
Un informe del National Institutes of Health (Instituto Nacional de Salud) de los EE.UU., publicado en 1991 concluyó que la cirugía de la obesidad era una solución razonable para determinadas personas, ya que "un inconveniente de los tratamientos no quirúrgicos es la gran dificultad de mantener la reducción del peso en principio conseguida, en la mayoría de los pacientes".
Los pacientes con obesidad mórbida serían, en principio, aquéllos en los que podría aconsejarse un tratamiento quirúrgico, ya que este tipo de obesidad reduce significativamente su esperanza de vida.
Una revisión realizada en 1997, de acuerdo con las reglas de la medicina basada en la evidencia, concluyó que el tratamiento quirúrgico consigue "buenos resultados" en la obesidad mórbida.
Los criterios de selección de los pacientes aptos para la práctica de una intervención quirúrgica en el tratamiento de su obesidad han sido establecidos por la International Federation for the Surgery of Obesity (Federación Internacional para la Cirugía de la Obesidad).
Estos criterios son: - índice masa corporal superior a 40; - un índice entre 35 y 40 en pacientes con otras enfermedades asociadas que mejoran con la disminución de peso corporal; - obesidad padecida durante al menos 5 años tratada sin éxito con medios conservadores; - ausencia de una historia de abuso de alcohol o de trastornos psiquiátricos graves; - edad entre 18 y 55 años con un riesgo operatorio aceptable.
Las mujeres deben evitar quedar embarazadas dentro de los dos años siguientes a la operación.
Es esencial que la indicación quirúrgica y el propio tratamiento quirúrgico se establezca y se realice dentro de un grupo conformado por varios especialistas: un experto en dietética para aconsejar la dieta apropiada antes y después de la operación; un médico que establezca que el paciente es apto para ser intervenido quirúrgicamente y que excluya a los pacientes con obesidad de causa endocrina; un psicólogo para ayudar al paciente en el aprendizaje de los nuevos hábitos alimenticios; un anestesiólogo con experiencia en la anestesia de individuos obesos; y, desde luego, un cirujano con suficiente experiencia en el tratamiento quirúrgico de la obesidad.
Las nuevas tecnologías han propiciado la aplicación de la cirugía laparoscópica, mucho menos invasiva y agresiva que la cirugía abierta en el tratamiento quirúrgico de la obesidad, con lo que la morbididad y la mortalidad de la intervención ha mejorado significativamente.
Hasta tal punto que, en un editorial publicado en la revista "British Medical Journal" de 2 de septiembre de 2000, John Baxter, profesor de Cirugía de la Universidad de Gales, Reino Unido, llama la atención sobre la eficacia del tratamiento quirúrgico actual de la obesidad mórbida y la necesidad de contar con suficiente número de cirujanos entrenados en este tipo de técnicas quirúrgicas, junto con un equipo multidisciplinario.
La cirugía de la obesidad comenzó a practicarse en la década de los 50.
Consistía, en un principio, en la construcción quirúrgica de un by-pass (cortocircuito) entre el yeyuno y el íleon (by-pass yeyunoileal), con lo que se eludía el paso de los alimentos ingeridos por el tramo intestinal dotado de mayor capacidad absortiva para las sustancias nutrientes. El desarrollo de numerosas complicaciones a corto y a largo plazo, condujo a la búsqueda de otras alternativas técnicas, de las que los mejores resultados han correspondido a aquéllas en las que se restringe quirúrgicamente la función del estómago en el proceso digestivo.
El Dr. Mason, de la Universidad de Iowa (EE.UU), desarrolló en el año 1967 una técnica conocida como by-pass gástrico en la que se crea una separación parcial o total (con grapas quirúrgicas) entre la mínima porción superior del estómago resultante de la partición y la inferior.
Cuando la separación es total, para mantener la continuidad digestiva ha de construirse un cortocircuito (by pass) entre la muy reducida cavidad superior gástrica y el intestino.
En la actualidad, la técnica más utilizada por via laparoscópica es el by-pass gástrico combinado con una derivación de la continuidad digestiva al yeyuno; la unión entre los cabos intestinales o anastomosis se establece mediante una técnica denominada asa en Y de Roux, con lo que se impide el reflujo intestinal al esófago.
Fuente: BMJ
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