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Brecha generada por la pobreza y la enfermedad
Resultado:
Un radical cambio de actitud en la enseñanza universitaria de la Medicina en los países desarrollados, presentando a sus estudiantes una visión global de la enfermedad, que tenga en cuenta las terribles diferencias entre países ricos y países pobres, es lo que propugna D. J. Weathreall, regius professor de medicine emeritus en la Universidad de Oxford, en un espléndido editorial publicado en la revista British Medical Journal, en su número correspondiente al 20-27 de diciembre de 2003.
Aunque durante la década de los años 90 el producto interior bruto por cabeza en los países en vías de desarrollo creció al ritmo de 1,6% por año, y la proporción de individuos que vive con menos de 1 dólar al día descendió del 29% al 23%, la mayor parte de este progreso tuvo lugar en Asia. En otros regiones del planeta el número de pobres aumentó, aunque la proporción global de pobreza extrema haya descendido. Lo que es peor, 150 millones de niños en países con economías dentro de la pobreza, padecen estados de nutrición deficiente y, a menos que su situación mejore, es previsible una cifra similar para el año 2020.
Por si ni fuera suficiente la pobreza, la situación de estos países en vías de desarrollo ha empeorado, ante la incapacidad de controlar las enfermedades que provocan el mayor número de muertes. En muchos países, el número de casos de SIDA se ha incrementado: alrededor del 70% de los 40 millones de afectados en todo el mundo se concentra en países con sistemas nacionales de salud deficientes. La tuberculosis ha reaparecido en estos países con 9 millones de nuevos casos y 2 millones de muertes al año. Un número similar de muertes son causadas por el paludismo y , por su fuera poco, en el tratamiento de todas estas enfermedades el número de organismos resistentes a los medicamentos se está incrementando.
Para empeorar la situación de los países en vías de desarrollo, cuando se produce la transición epidemiológica de las enfermedades infecciosas a las no-infecciosas (como las enfermedades cardíacas y vasculares y la diabetes tipo 2), en muchos países pobres se están produciendo la aparición de enfermedades no-infecciosas relacionadas con el estilo de vida occidental.
Alrededor de 150 millones de personas en todo el mundo padecen diabetes del tipo 2, número que se espera que se duplique para el año 2025. En algunos de estos países pobres el número de accidentes vasculares cerebrales (ictus) y de enfermedades cardíacas es el doble del de los países ricos.
No es difícil encontrar las razones por las que esta brecha en la salud entre los países en vías de desarrollo y los países desarrollados se ha ampliado durante la última década. Aunque, sin duda, las administraciones deficientes y corruptas de estos países, las guerras y los desastres naturales han jugado un papel importante en esta deplorable situación sanitaria, la terrible verdad es -para el profesor DJ Weatherall- que gran parte de la responsabilidad debe cargarse en la falta de conciencia de la gravedad del problema y de apoyo de los países desarrollados. Las evidencias irrefutables son las siguientes:
a) Menos del 10% de los fondos dedicados a la investigación médica son utilizados para aquellas enfermedades que suponen el 90% del total de las enfermedades que asolan el planeta;
b) De los 1.233 nuevos medicamentos cuyo lanzamiento al mercado fue aprobado entre 1975-1999, sólo 13 lo fueron para tratar enfermedades tropicales. Debido a la presión comercial, la Organización Mundial del Comercio todavía no ha permitido un acceso adecuado para los medicamentos a los países pobres.
Es una paradoja que este progresivo deterioro de la salud en los países en vías desarrollo haya ocurrido en un periodo de la historia de la Humanidad en el que se han producido grandes avances en la investigación biomédica y en el desarrollo de los países ricos, de modo especial en la epidemiología y en las ciencias biomédicas.
La Organización Mundial de la Salud, en un reciente Informe ha subrayado la necesidad de no perder más tiempo en la aplicación de las herramientas de la medicina genómica para el tratamiento de las enfermedades más relevantes en los países pobres.
Los problemas fundamentales son dos: a) ¿ Cómo financiar estos desarrollos?; b) ¿Qué tipo de organizaciones son necesarias para que no se produzcan los fracasos de la última década?
Entre los varios modelos de organización, una de los más atractivos para el editorialista del BMJ sería el establecimiento de redes globales virtuales dedicadas a la investigación de la salud en los países en vías de desarrollo, en las cuales estuvieran implicadas organizaciones gubernamentales y fundaciones.
Pero además de buscar y encontrar la mejor solución para el problema de la financiación y su honesta aplicación, es necesario establecer un sistema de colaboración, para una investigación sostenible sobre la salud y la enfermedad, entre países desarrollados y países en vías de desarrollo, es decir, entre las instituciones universitarias de los países ricos y de los países pobres.
Para cumplir este objetivo es imprescindible que la enseñanza de la Medicina en los países ricos, la formación de sus médicos, se haga desde una visión global de la enfermedad que traspase la brecha creciente -en economía y salud- entre países pobres y países ricos.
Fuente: British Medical Journal
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