Bioterrorismo y armas bacteriológicas

El brutal ataque terrorista perpetrado el 11 de septiembre de 2001 contra los Estados Unidos utilizó por primera vez una terrible arma de destrucción masiva; los aviones comerciales repletos de pasajeros.

Pero en esta nueva guerra global declarada en el siglo XXI por los Estados Unidos y sus aliados contra el terrorismo global, un enemigo que, desplegado en una inaprensible red, parecería virtual si no fuera por las terribles consecuencias de sus acciones, una nueva arma, hasta ahora confinada al territorio de la ciencia ficción, ha hecho su aparición, entre un estupor y un temor también global: las armas biológicas y, en consecuencia, una nueva modalidad de terror global, el bioterrorismo. Las primeras escaramuzas de este terrorismo ya se han producido ocasionando cuatro contaminados y un muerto.

El bioterrorismo se define por la utilización de microorganismos dotados de gran capacidad invasiva, y por ello causantes de graves enfermedades con tendencia epidémica, como armas de destrucción masiva.

El bacilo del carbunco o bacillus anthracis (anthrax, es el nombre en la literatura médica en inglés de la enfermedad que produce) -que no es contagioso de persona a persona- y el virus de la viruela (smallpox, en la literatura médica en inglés) -que sí lo es- son de las armas biológicas que, teóricamente, habían sido consideradas, junto con el bacilo de la peste, como más apropiadas para cumplir este horrible objetivo dentro de los programas bélicos de diversos estados, en lo que se consideraba como preparación para una posible guerra biológica ( Biological Warfare), cuya técnica se ha pretendido dominar, tanto en el caso de un hipotético ataque propio como en la prevención de un ataque enemigo.

Ahora, la teórica guerra biológica se ha convertido en real bioterrorismo.

En lo que ya parece el inicio del bioterrorismo, el bacilo del carbunco (bacillus anthracis) ha sido la primera arma biológica utilizada.

Tras los tres casos de contaminación en Boca Ratón, Florida, uno de ellos seguido de muerte fulminante por carbunco pulmonar, el dia 13 de octubre de 2001 se supo que esta arma biológica ya ha llegado a Nueva York: Erin M. O´Connor, de 28 años, asistente de Tom Brokaw, presentador de la NBC, desarrolló un carbunco cutáneo a las dos semanas de haber manipulado dos cartas amenazantes dirigidas a su jefe, que contenían respectivamente un polvo blanco y una sustancia arenosa.

Las pruebas de infección por el bacillus anthracis resultaron positivas y la respuesta al tratamiento de esta forma benigna del carbunco fue satisfactoria.

Ese mismo día, la sala de prensa del New York Times tuvo que ser evacuada al conocerse que Judith Miller, periodista que había escrito extensamente sobre armas biológicas y coatura del libro Germs: Biological Weapons and America´s Secret War (Simon & Schuster. New York, 2001) había abierto un sobre que contenía un polvo blanco. Una de las cartas dirigida a la NBC y la del New York Times, procedían de Florida.

Éste fue el segundo incidente de bioterrorismo en los Estados Unidos, tras el acaecido en Florida en una editora de prensa sensacionalista (American Media Inc.).

En este incidente inicial, tres fueron los contaminados por inhalación de esporas del bacilo del carbunco: la contaminación de Robert Stevens, de 63 años (que falleció víctima de carbunco pulmonar) se produjo a través de polvo depositado en el teclado de su ordenador, en el que se encontraron esporas del bacillus anthracis, mientras que las contaminaciones de Ernesto Blanco, que sufrió tan solo una neumonía ligera, y de Stephanie Dailey, que evolucionó como un leve resfriado, ocurrieron manipulando el correo en la habitación donde se encuentra la cartería de la empresa.

En los dos contaminados que sobrepasaron la infección se detectaron esporas en sus fosas nasales.

Ante esta nueva amenaza, los organismos federales de los Estados Unidos aconsejan obtener una información fiable acerca de los posibles riesgos, mantenerse alerta, especialmente con el correo sospechoso que se reciba (el Servicio Postal de los EE.UU. ha hecho públicas normas para su manipulación) mientras las autoridades sanitarias activan todo el proceso diagnóstico de los casos que susciten sospecha y la aplicación del tratamiento apropiado.

En todo caso, queda como consuelo que la manipulación de armas biológicas por aquéllos que pretendan utilizarlas es extremadamente dificil.

C.P.

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Viernes, 16 de Mayo del 2008

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