Aspirina y riesgo de cáncer de páncreas en la mujer
En un estudio multicéntrico publicado en la revista Journal of the National Cancer Institute en su número correspondiente al 7 de enero de 2004, se recuerda que, aunque experimentos in vitro y en animales habían sugerido que la aspirina y otros fármacos antiinflamatorios no-esteroideos parecían inhibir el desarrollo del cáncer de páncreas, pocos estudios habían examinado la asociación entre el uso a largo plazo de la aspirina y el cáncer de páncreas y los resultados habían sido inconsistentes.
Por estas razones, los autores han examinado prospectivamente, en la linea de partida del estudio, a 88.378 mujeres (de la población incluída en el famoso Nurses´Health Study) en las cuales documentaron, durante 18 años de seguimiento, 161 casos de cáncer de páncreas. El uso de la aspirina fue comprobado en la linea de partida del estudio, en el año 1980, y confirmado cada dos años.
Las participantes fueron clasificadas de acuerdo con una historia o no de uso de la aspirina. En un análisis estadístico el riesgo de desarrollar cáncer de páncreas no se asoció con el uso regular de la aspirina (definido como 2 o más tabletas estándar por semana) comparado con el uso de menos de 2 tabletas por semana. El incremento de la duración del uso regular de la aspirina comparado con su no-uso se asoció con un incremento estadísticamente significativo del riesgo. Las mujeres que comunicaron el uso regular de la aspirina durante más de 20 años mostraron un incremento del riesgo de padecer cáncer de páncreas.
La conclusión de los autores es que el uso regular de la aspirina durante largos periodos de tiempo parece asociarse con un incremento estadísticamente significativo de desarrollar cáncer de páncreas en la mujer.
En un editorial publicado en el mismo número de la revista, firmado por John A. Baron, se llega a la coclusión de que los hallazgos de este grupo de epidemiólogos centrado en la Harvard Medical School son provocativos ya que nos obligan a reflexionar cuidadosamente acerca de las acciones de la aspirina y de otros fármacos antiinflamatorios no-esterodeos y los mecanismos que conducen al desarrollo de un cáncer de páncreas.
Afortunadamente, los datos conflictivos derivados de diversos lineas de trabajo científico -no hay que olvidar que la aspirina , según recuerda J.A Baron, parece reducir el riesgo del cáncer de estomago y esófago y causa la regresión de los adenomas de la poliposis adenomatosa familial- a menudo son impulsos efectivos para el progreso científico.
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